Crónica personal

Pilar Cernuda

Campana, diábolo, cilindro

SE presta a la broma y al chiste fácil, pero estamos ante una medida acertada del Ministerio de Sanidad: el tallaje en función de nuestra morfología, de nuestro tipo. Cualquiera que compre la ropa en tiendas, no en modista o sastre a medida -al alcance sólo de los muy privilegiados- sabe que no hay prenda que quede perfecta, como un guante. Cuando no sobra un centímetro de largo, vendría bien una manga algo más estrecha o una sisa un poco más holgada.

El ministro Bernat Soria es investigador y se mueve bien en el mundo de los laboratorios, pero al menos en esta ocasión ha demostrado que también tiene ojos en la cara y que conoce los pequeños o grandes problemas que se plantea la gente en las cuestiones más cotidianas, más de andar por casa. El estudio de los morfotipos, en el que se advierten de forma muy gráfica los cambios del cuerpo en función de la edad, son la prueba palpable de que se hace necesario meter mano a los tallajes si pretendemos ir cómodamente vestidos.

Es una buena idea poner en marcha los mecanismos que permiten atinar más a la hora de comprar la ropa teniendo cuenta nuestras características físicas, cuerpos que siguen los cánones que él ha calificado como campana, diábolo y cilindro. De hecho, así ocurre con los pantalones, varias marcas ofrecen distintas formas para una misma talla en función de las variables de cintura y cadera. En el mundo femenino ocurre con los sujetadores, que admiten varias medidas de copa para una misma talla.

Queda ahora por rematar otra idea que ya abordaron Ana Pastor y Elena Salgado y que aún no se ha puesto totalmente en práctica: la unificación de tallas, que una 40 o una 38 sean 40 o 38 en todas y cada una de las marcas, de manera que las personas obsesionadas por el peso, sobre todo en el sector de los jóvenes, no se vengan anímicamente abajo cuando, pensando que "entran" en una 40, se encuentran con que necesitan una 42 o 44. Es un problema que conocen muy bien los padres de jóvenes anoréxicas, que siempre se ven gordas aunque tengan cuerpo de modelo, y a las que la necesidad de pedir una talla mayor las puede conducir a caer en una enfermedad de la que no es fácil salir. Problema que se apaciguaría si se dictaran normas de obligado cumplimiento a la hora de marcar las tallas de las prendas de ropa.

Las cuestiones relacionadas con el cuerpo no son de tono menor, los profesionales de la medicina lo saben mejor que nadie y, evidentemente, los ministros últimos han asumido la necesidad de entrar de lleno en el mundo de los tallajes para impedir así que jóvenes y maduros entren de cualquier manera en el mundo de los regímenes alimenticios, mundo complicado cuando esos regímenes se hacen sin el necesario control y seguimiento médico.

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