Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Campañas alegres

LA estética manda en las campañas electorales que vemos por la televisión, que son la española y la americana. De la andaluza no hay noticia alguna en los medios nacionales. Esto es lo que hay. El vídeo que ha hecho Will.i.am para Barack Obama, que irradia energía positiva, ha inspirado a un grupo de cantantes y artistas españoles muy conocidos. Victor Manuel, Ana Belén, Miguel Bosé, Juan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Fran Perea, Soledad Giménez, María Barranco y Concha Velasco han hecho una canción coral con el poema defensa de la alegría del uruguayo Mario Benedetti, que ha servido de presentación a la Plataforma de Apoyo a Zapatero (PAZ). Como estamos en campaña, en la presentación, el director de cine José Luis Cuerda le atizó de lo lindo al PP y a los obispos.

Ayer, en un mitin en la plaza de toros de Vistalegre, Zapatero saludó a la primera fila de invitados con un largo abrazo. (Aunque en el caso de Felipe González dio la impresión de que le estaba dando tres o cuatro abrazos consecutivos). Parecía el presidente en plena liturgia, dando fraternalmente la PAZ a sus correligionarios. Hay quien sostiene que Obama ofrece cambio y esperanza, pero no se sabe qué cambio y qué esperanza. Lo que no nos impide enamorarnos de sus formas, de su discurso, de su carisma. No todo es estética, sin embargo, está por legalizar a los inmigrantes ilegales, estuvo en contra de la guerra de Iraq y preconiza un sistema de salud subvencionado para quienes tengan menos ingresos. Pero es verdad que falta algo de concreción en las ofertas de Zapatero y Obama. En particular, los estrategas socialistas confían mucho en el talante y la alegría, convencidos de que el 9 de marzo pesarán más las formas que el fondo.

Por el contrario, Rajoy pone sobre la mesa un asunto nuevo cada día. (Y no nos ahorra su enfado con los artistas que apoyan a Zapatero, a los que considera estómagos agradecidos por el canon digital). Y nos bombardea con propuestas concretas: quiere retirar el derecho de adopción a los homosexuales, prohibir el velo en las escuelas, bajar impuestos, garantizar la enseñanza del castellano en los colegios catalanes. Uno de sus últimos postulados ha sido un visado por puntos para los inmigrantes. Hasta ahora la inmigración en sí misma no había sido objeto de debate electoral en España. En Francia ha sido una buena baza para Sarkozy, heredada del ultraderechista Jean Marie Le Pen. Hace veinte años el líder del Frente Nacional descubrió que los obreros que votaban comunista y convivían con inmigrantes en los barrios de las periferias de las grandes ciudades francesas acababan de bronca con sus vecinos y consiguió robarle muchos votos al PCF con un discurso primero preventivo y luego agresivo. Rajoy busca esa veta electoral. Sus asesores desdeñan, de momento, los beneficios colaterales de la alegría.

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