La ventana

Luis Carlos Peris

Canción triste por un gigante entrañable

FUERA de cobertura en la triste tarde del óbito, hoy quiero rendirle mi particular homenaje a un amigo de tiempo inmemorial, justamente desde que llegó de su Manzanilla del alma a la Puerta Real para servir moyate y caracoles en aquel Quitapesares. La última vez que lo vi fue en una zambomba del Nano en el patio de Cajasol y ya sabía que estaba en su última Navidad por culpa de ese terrible cáncer de páncreas al que sólo es accesible mediante un cruento desguace de las entrañas. Se nos ha ido Pepe Peregil y aunque no ha sido como del rayo, la pena se agranda porque él era la bondad en talla XXXL que se rompía ante el palio del Museo cada Lunes Santo en un grito por saeta que volaba a ese sitio que ya le acoge desde la fatídica tarde del viernes. Ayer por Los Terceros no había ganas de nada en la despedida a un hombre que jamás supo el significado del no y que repartía bonhomía desde la barra y desde el balcón.

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