Alto y claro

José Antonio Carrizosa

Candidato Zoido

JUAN Ignacio Zoido lleva más de tres años en campaña electoral. No ha tenido, desde que ganara las elecciones de 2007 y el pacto de izquierdas lo dejara en la oposición, otro cometido que reforzar su imagen pública, lesionar la de sus contrarios y dotar de credibilidad a su alternativa política. Ha hecho los deberes y los ha hecho a conciencia. En la encuestas aparece bien colocado para llegar dentro de año y medio al deseado sillón de la Alcaldía de Sevilla, paso que sería de trascendental importancia para que un año después Javier Arenas pudiera cumplir el sueño de los populares y terminar con tres décadas de omnímodo poder socialista en Andalucía. Pero con haber hecho los deberes, Zoido no las tiene todas consigo. Y Arenas, tampoco. Zoido sabe que lo que haga a lo largo de los próximos meses es fundamental. El acto celebrado el jueves en Sevilla, en el que estuvo arropado por la plana mayor de su partido, va en esa dirección. El popular tienen muchos factores a favor. Sabe que enfrente hay un partido dividido, con un alcalde amortizado y en el que la lucha por la candidatura va a provocar todavía más desgarros. Ha logrado extender una sombra de corrupción sobre la gestión municipal -de Macarena a Mercasevilla, pasando por Unidad y otros- que trata de rentabilizar. Intenta sacar también el máximo partido al rechazo que produce Torrijos en amplias capas de electorado socialista más moderado. Todo ello lo conjuga con habilidad, con la ayuda de la derecha mediática y económica, y lo proyecta como un candidato con posibilidades. Pero también hay factores que juegan en su contra. El principal es que sabemos la Sevilla que no le gusta: la que han hecho durante los diez últimos años Monteseirín. Pero ignoramos cuál es su modelo de ciudad y cuáles sus prioridades de gobiernos, al margen de generalidades y obvias declaraciones de intenciones. Como ignoramos cuáles serían los pesos pesados de su gobierno. Por ahora, Zoido es el PP y el PP es Zoido. Quizás por ello las encuestas a las que antes nos referíamos le dan bien en los distritos de la ciudad donde la derecha barre sin problemas, pero no ha logrado entrar en los que tradicionalmente controla la izquierda. En ésos, más numerosos, el desistimiento del electorado socialista o un no demasiado previsible hundimiento de IU son sus únicas bazas que juega.

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