la esquina

José Aguilar

Candidatos en la era digital

HAY una gran coherencia en la postura de la ex ministra Carmen Calvo con respecto a la designación de la ministra Rosa Aguilar como número uno de la candidatura electoral del PSOE por Córdoba. Y también una cierta sobrevaloración de sí misma.

Se sobrevalora Calvo al denunciar que el PSOE ha sido ingrato con ella. ¿Cómo ingrato? ¡Si Chaves la hizo consejera de Cultura siendo independiente y sin haber pisado una agrupación de base en su vida! Después Zapatero tiró de ella para darle el Ministerio del ramo, aunque no acabó la legislatura en el cargo. En vez de estar inmensamente agradecida a ambos por haberle confiado estas responsabilidades habla de la ingratitud del partido. No tiene derecho.

Pero ha sido coherente en lo demás. Coherente al expresar públicamente su incompatibilidad radical con la ex comunista que cambió la Alcaldía que le dieron los cordobeses en las urnas por un sillón socialista decidido a dedo, al denunciar (en este periódico, el viernes) que muchos socialistas tampoco quieren a Rosa Aguilar en cabeza de cartel, pero callan por no perder su cargo o su sitio en el partido, y al decir en voz alta lo que pensamos unos cuantos, unos cuantos millones: que la composición de las listas electorales se decide desde arriba.

Vamos, que la democracia interna de los partidos brilla por su ausencia. Al menos a la hora de la verdad, cuando se toman las grandes decisiones, como el nombramiento de quienes encabezarán las listas en cada provincia que, al fin y al cabo, son el escaparate que se oferta a los ciudadanos. Es paradójico que el momento decisivo en que los electores expresan su voluntad soberana en condiciones de plena igualdad (lo mismo vale el voto de un analfabeto que el de Emilio Botín) venga precedido inmediatamente por el momento en que a los miembros de un partido se les somete a una completa desigualdad: la voluntad de Rubalcaba vale más que la de miles de socialistas cordobeses.

Creo que Rosa Aguilar es mejor candidata para el PSOE cordobés que Carmen Calvo, sinceramente. Pero sus celos han servido para poner en evidencia que nuestro sistema de partidos es de natural jerárquico, anclado en estructuras que no dejan a las bases más que una participación secundaria y en las que el mérito pinta menos que la obediencia al aparato (dada la situación especial del PSOE, el aparato ha sido sustituido, en este caso, por el candidato). Digo de partidos y digo bien: el resto de los partidos funciona bajo las mismas premisas. Alguno no se molesta en escenificar siquiera un simulacro de participación. Los candidatos se eligen por un procedimiento acorde con la era digital en que vivimos. A dedo.

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