Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Canon y fuga

EN plena catástasis del caso Mari Luz, cuando todos los sectores vinculados con el anómalo mantenimiento en libertad del presunto asesino han cantado la palinodia y han hecho votos para que no se vuelva a repetir, otro juez ha adoptado una decisión como mínimo osada: la concesión de la libertad, a cambio de una fianza de un millón de euros, al ex asesor de Urbanismo del Ayuntamiento de Marbella, Juan Antonio Roca, el hombre que ha encarnado en el imaginario del pueblo, a lo largo de los dos últimos años, la industria del desvalijamiento. El juez Óscar Pérez ha decidido en contra del criterio de la Fiscalía (que se ha decantado por ampliar durante otros dos años la prisión preventiva), el de las acusaciones particulares (Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Marbella) y, en cierto modo, en contra del parecer del propio juez que ha asimilado la hipótesis del "alto riesgo de fuga".

El juez estima, sin embargo, que la prisión preventiva es un estado excepcional que no conviene prorrogar por más tiempo. Eso sí, para evitar la previsible huida, el juez ha fijado una medida que, si se compara con las destrezas depredadoras que la investigación atribuye a Roca, resulta de una candidez extrema: el ex asesor de Urbanismo no podrá acercarse a menos de 500 metros de un aeropuerto. ¡Medio kilómetro sanitario entre el canon moral y el arte de la fuga! Tenemos delante una decisión que, además de controvertida, puede ser dos cosas: un modelo de sagacidad jurídica o una metedura de pata de esas que inspiran miles de titulares de periódico, crónicas, análisis, comparecencias en el Congreso y peticiones de dimisión.

Pero no adelantemos acontecimientos. Ahora nos encontramos en una fase prologal bastante ilustrativa: la búsqueda del millón de euros. Roca, en efecto, necesita desesperadamente un millón para abandonar su celda y, según las noticias, ha encargado una cuestación urgente. En otras circunstancias, la recaudación del millón sería un episodio angustioso, casi intempestivo, pero en las presentes es un acontecimiento didáctico. El hombre cuyo patrimonio personal el Ministerio del Interior calculó en 2.400 millones busca ahora un millón. Pero un millón de otra naturaleza: un millón limpio, ajeno a la fortuna bajo sospecha que tutelan los administradores judiciales para hacer frente los mil millones de responsabilidad civil. O un millón prestado por esas "otras personas" capacitadas económicamente con las que Roca mantiene una excelente amistad.

La desmesura sigue caracterizando la existencia de Roca. Desmesura en fortuna personal, en amistades poderosas, en el montante de la fianza, en el auto de libertad provisional y en el riesgo de huida.

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