La crónica económica

Alberto Laborda

¿Cañones o mantequilla? ¿Combustible o alimentos?

UNOS dicen que fue el dirigente soviético Malenkov; otros que Churchil en uno de sus famosos discursos en la BBC durante la Guerra. Lo cierto es que la disyuntiva "cañones o mantequilla" es un ejemplo clásico en Economía. Ante una situación en la que sólo podemos aplicar recursos a obtener dos bienes, ¿cómo decidimos la cantidad a producir de cada uno? Es lo que se conoce como frontera de posibilidades de producción. En situaciones límite, como un conflicto bélico, puede pedirse casi cualquier sacrificio. Ahí ha quedado para la Historia el archiconocido "sangre, sudor y lagrimas" de Churchill. ¿Estaremos llegando a una situación tan al límite con los combustibles?

Hace unos días leí una noticia de las que hacen reflexionar. El Ministerio de Agricultura de China estaba negociando la compra o alquiler de tierras para cultivo de cereales en África y América Latina. China, cuya población dedicada a la agricultura se estima en un 40% y es uno de los países más grandes de la Tierra, sorprende que quiera comprar campos de cultivo. Y además, de cereales. Parece ser que a pesar de su enorme superficie, las tierras cultivables son pocas y temen desabastecerse. Espero estar equivocado, pero ¿no se encontrará detrás de estas operaciones, originadas por el temor al desabastecimiento, el tema de los biocombustibles?

La idea de obtener combustibles a partir de materia orgánica es, de entrada, magnífica. No más pozos, no más dependencia de yacimientos, no más procesos de refinado costosos y contaminantes. Y eso sin contar con la posibilidad de debilitar la posición estratégica que el petróleo proporciona a los países productores. El problema surge cuando la materia orgánica que se utiliza para obtener combustibles también sirve para alimentar a las personas y al ganado. El brutal aumento de los precios de los cereales ya ha provocado violentas protestas en varios países de África y América Latina.

Curiosamente, este asunto hace coincidir a personalidades tremendamente dispares. Las opiniones vertidas sobre los biocombustibles por Fidel Castro en el periódico oficial del régimen cubano hace casi un año son muy similares a las declaraciones del presidente del FMI, Strauss-Kahn, de hace un mes. Con las lógicas diferencias en matices y tonalidades, ambos opinan que estamos ante un problema moral y de consecuencias imposibles de evaluar. El sociólogo, escritor y relator de la ONU Jean Ziegler ha llegado a hablar de "crimen contra la humanidad" al referirse a los biocombustibles. Es espeluznante pensar que pueda llegar a haber cientos de miles de personas amenazadas de pasar hambre para que nuestros vehículos puedan funcionar.

Afortunadamente, en este panorama tan oscuro, "siniestro" en palabras de Castro, se ven algunas luces. Se está investigando a fondo para utilizar desperdicios orgánicos en vez de cereales en la fabricación de biocombustibles. Y lo más esperanzador es que son grandes compañías como Volkswagen, Honda o Toyota las que están apoyando estas investigaciones. Esperemos que la disyuntiva que planteaba al principio de este artículo no llegue a darse nunca.

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