La ciudad y los días

Carlos Colón

Capone, La Habana, Sevilla...

ADEMÁS de soportar una dictadura más larga que la de Franco (si la nuestra duró 36 años, la de ellos ha cumplido ya los 49); además de soportar las privaciones que los malos resultados económicos de las dictaduras comunistas imponen a todos los ciudadanos menos a los jerarcas del partido; además de soportar el bloqueo norteamericano que da patadas a Castro en el culo de los cubanos; además de temer el regreso vindicativo de los exiliados que tanto juego han dado al cine negro y político americano desde El precio del poder a JFK, leo que a los desdichados cubanos les enviaron desde Sevilla a Rodrigo Torrijos y a Francisco Fernández para estudiar "la posibilidad de desarrollar un proyecto de cooperación en el marco de la recuperación integral del casco histórico". Apañados van. La peatonalización -aunque mal ejecutada, una de las pocas iniciativas positivas de nuestro Ayuntamiento- no la precisan porque sus viejos coches con estética de El Padrino apenas andan. El seudo tranvía y las hermosas catenarias son impensables para ellos, dado su coste faraónico. La adulteración de plazas históricas, que al parecer han de arrasarse para que los ciudadanos las gocen, tampoco parece una iniciativa exportable.

¿Qué será lo que aporte nuestro Ayuntamiento a la recuperación integral del casco histórico de La Habana? Tal vez el derribo de manzanas enteras del casco histórico, o el aprovechamiento de los derribos preexistentes, para alzar pabellones deportivos junto a monumentos, como se está haciendo junto a San Luis de los Franceses. Tal vez enlosar las alamedas, quitándoles los parterres y los jardincillos, como se ha hecho en ese crimen urbanístico de autor cometido con la Alameda de Hércules. Tal vez destruir los antiguos mercados para convertir sus solares en plantaciones de modernísimas setas gigantes que sobresalgan como monstruos sobre el caserío de la ciudad vieja.

Quién sabe. Pese a que ya hace meses de este viaje que se inscribe en la variante caribeña de las vacaciones revolucionarias que antes ofrecía Ceaucescu en el Mar Negro a sus camaradas españoles, poco o nada ha trascendido de lo que Sevilla, como capital mundial de la desvirtuación de centros históricos, haya ofrecido a La Habana. De momento, lo más sevillano que allí se ha producido ha sido la celebración, el pasado martes, del centenario del neomudéjar Hotel Sevilla, primer establecimiento de lujo de la isla y uno de los favoritos de los gángsters antes de la revolución, con un espectáculo del Ballet Español de Cuba inspirado en Sevilla de Albéniz. Qué cosas: Capone, La Habana, Sevilla…

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