Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

Cara y cruz de Belén

EL cine español vive un momento dulce. Parece que estamos de moda y que lo que en otros ámbitos no termina de despegar, frente a la gran pantalla sí que triunfa. Atrás quedaron los tiempos en los que fumar era un placer, como recitaba en El último cuplé Saritísima -nuestra primera actriz en despuntar en Hollywood- y el glamour de antaño ha sido sustituido por la frescura de Penélope Cruz o por la impronta de Belén Rueda.

De la primera, nada toca que decir hoy, mientras que a la segunda hay que enviarle una sincera enhorabuena por la elección de dos películas convertidas casi en dos historias de culto para los espectadores de medio mundo. Convenció con Mar adentro y arrasa con El orfanato, nominada para catorce premios Goya y preseleccionada, además, para la próxima gala de los Oscar.

Relacionada sentimentalmente con el brillante intérprete José Luis García Pérez, todo parece ir bien alrededor de la madrileña hasta que, de manera inesperada, la prensa del corazón hace aparición. De hecho, cuando un par de meses atrás estuvo en Sevilla representando Closer, el enfado que cogió Belén fue tan monumental que, sintiendo mucho la indiscreción, no puedo dejar de contárselo a todos ustedes. Todo tiene su momento y, si entonces no lo fue, ahora sí me parece apropiado.

Imaginen la situación: ambos pasean por el entorno de la Catedral horas antes de la representación. Como mudo testigo, la Giralda observa. De pronto, dos reporteros gráficos se acercan al lugar y la pareja, sorprendida, se exalta abalanzándose sobre ellos para reclamar privacidad. Sin embargo, saben que, mientras la instantánea sea tomada en exteriores, no hay tu tía. Los insultos llegan al cielo y, a pesar del intento, los fotógrafos prosiguen con su labor. Por la tarde, vuelve a repetirse la misma escena en los aledaños del teatro Lope de Vega y, con los nervios crispados, la Rueda regresa a la carga. "¡Gilipollas!", insulta a voz en grito dejando mal sabor de boca. "No estaba de promoción", me contaban. "Si no, la cosa cambia". Suele ocurrir.

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