Cuchillo sin filo

francisco Correal

Caracoles

EL mismo día los vi a los dos. A uno lo acababa de conocer en persona. Al otro lo conoce todo el mundo. Esa tarde, con cuarenta y dos grados a la sombra, me lo crucé por la calle Rioja donde está la redacción del periódico empujando el carrito del bebé con su joven esposa. No quise aprovecharme de su popularidad para transgredir el lujo de su efímero anonimato e hice como si no supiera que era Ivan Rakitic, apurando en Sevilla sus vacaciones. Desde que Gordillo fichó por el Madrid, que fue llegar y besar el santo con cinco Ligas consecutivas -ningún otro equipo lo ha conseguido jamás-, no se conoce otro aterrizaje tan pródigo como el de este croata nacido en Suiza y ciudadano del mundo y de Pino Montano que hizo triplete en su primer año de jugador del Barcelona.

Son dos de los mejores futbolistas de Pino Montano, superhéroes de barrio en la jerga de Kiko Veneno. Ivan Rakitic tiene los 27 años con los que Carlos Vaquerizo consiguió el premio Adonais, el más prestigioso de la poesía nacional, con la obra Fiera venganza del tiempo. El que ganó Blanca Andreu con De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall antes de irse a vivir en un Juan Benet. Rakitic es infinitamente más mediático que Vaquerizo, que sólo salió en televisión una vez que lo entrevistaron en Canal Sur y arrastra el estigma de apellidarse como el marido de Alaska y cantante de las Nancys Rubias. Este poeta fue portero de fútbol, como Miguel Hernández, el héroe de la Oda a Platko de Alberti, Albert Camus o su vecino Javi Varas, aquel que le paró un penalti a Messi. Carlos jugó en el Consolación de Dos Hermanas. El año que ganó el Adonais, 2005, coincidió con el centenario del Sevilla, el que sería equipo de Rakitic, y con la Copa del Rey del Betis.

El barrio es al mundo lo que la infancia a la vida. El fútbol se desvirtúa cuando deja de ser un asunto de barrio y de infancia. Y olvidamos lo que Vaquerizo, en el libro que le dio el Pichichi de la poesía, dice en su poemario Infancia: "Una antigua costumbre acecha en as ventanas. / Un boscaje de luz se enreda entre las manos/ y nos devuelve a un tiempo que no nos pertenece".

Otros astros del balompié veraean en las Seychelles, las Maldivas o en los escondrijos de Ibiza, pero me imagino a Rakitic, que en el mismo año ganó el Adonais, el Cervantes y el Nobel, tomando caracoles en cualquiera de los buenos bares que tiene Pino Montano.

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