Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Caridad para muy ricos

JOSÉ Luis Rodríguez Zapatero podría haber subido el último domingo al púlpito de la catedral gótica de su León natal y, previa autorización de Rouco Varela o del obispo de la diócesis, transmitir a los feligreses la lectura de la jornada, correspondiente a Santiago, 5, 1-6: "Ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado". Ha dicho algo parecido en las emisoras de radio y sus discípulos lo han repetido en mítines y conciliábulos. Ahora, vosotros, los ricos, llorad...

Curioso país éste cuyo principal signo de identidad es afirmarse en lo que no es. Lo dijo Bismarck: no conocía otra potencia como España porque ni los españoles habían sido capaces de cargársela. Y mira que lo han intentado a lo largo de la historia. Esos intentos e intentonas han conformado una manera de ser tan peculiar que produce este baile de papeles, esta permuta en las posiciones. Un país con una izquierda conservadora que hace de los principios una poltrona. Una derecha que se rebela porque ve perder su poltrona, la esencia de sus principios. Una paradoja política que tiene su correlato en el aspecto social.

En su particular parte de guerra, el corrosivo Jesús Pardo sentenciaba en su libro de memorias Autorretrato sin retoques: "Con la derrota del proletariado, yo me proletaricé". El otro día, en una mesa donde había ingenieros y arquitectos, dije algo que electrizó la atención de Manuel Bellido, director general de una empresa de comunicación: "En España, el proletariado se ha aburguesado y la burguesía se ha proletarizado". Basta con darse una vuelta por las colas de los comedores sociales. Una burguesía que, como los equipos de fútbol con solera que vivaquean en los últimos puestos de la Liga, no saben vivir en los sótanos de la clasificación de las especies.

Manuel Loreto es un tipo singular. A su trayectoria profesional en la lonja del pescado añade su faceta artística. Benito Moreno lo fotografió vestido de armao de la Macarena en un libro sobre el Alto Imperio Romano con introducción del catedrático de Historia Antigua Genaro Chic. Su tarjeta de artista tiene dos caras: en una se lee Cante Flamenco, Saetas Antiguas, Padre Nuestro (Bodas). En la otra: Obras de Caridad para Muy Ricos. El domingo se celebra en varias capitales andaluzas una manifestación contra la crisis y por el reparto "del Trabajo y la Riqueza". No el trabajo y el bienestar, o el confort, o la renta. La riqueza. Lo decía el padre Feijoo: "El oro es el ídolo de los ricos y los ricos son los ídolos de los pobres". Esta sociedad enferma labró con el conformismo una miseria que cuando se solivianta estalla en sublevación. Los nuevos pobres no estaban en el guión. Son los ricos de los que habla el presidente. Los ricos de verdad no lloran. No saben llorar.

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