PASA LA VIDA

Juan Luis / Pavón

Carta a Emilio Lledó

QUERIDO y admirado don Emilio: usted, dentro y fuera de su Sevilla natal, encarna como pocos la ética, la educación, la cultura. Su sapiencia, su lucidez y su dominio del lenguaje dotan de una fuerza especial a su capacidad de comunicar ideas y valores para demostrar que la palabra es la llave de la libertad. Cuando usted filosofa, el pensamiento es luminoso aunque se refiera a los sedimentos más opacos de la condición humana. Sé lo que le duele España, la de su juventud y la de su senectud. Como le dolía a Cervantes, y a Quevedo, con quienes puede entablar diálogos trascendentales sobre la libertad de expresión y sobre los males de la patria. Usted no se merece el país de la indecencia que emerge a su alrededor.

Don Emilio, usted, que fue invitado por José Ortega Spottorno, hijo de Ortega y Gasset, a involucrarse con su prestigio y altura de miras en la creación de un periódico de calidad internacional que a la vez se convirtiera en el intelectual orgánico que alumbrara a la balbuceante España democrática, tiene motivos para sentirse satisfecho. Lideró la formación de la opinión pública hacia una apertura de miras sin precedentes, triunfando sobre la España de charanga y pandereta, proyectándose al orbe como uno de los símbolos de la Transición. Y contribuyó de modo decisivo a la modernización de los medios de información.

Pero los tiempos han cambiado, don Emilio. En el pesaroso viaje de la ilusión al desencanto hemos llegado al desfiladero de la indignación. Y usted, que es persona prudente y discreta para soslayar las procelosas aguas de los ejemplos concretos, porque hace bien en convertir la anécdota en categoría desde la que reflexionar con más fundamento, estará asombrado por la revelación que, merced a la obligada transparencia de los grupos empresariales que cotizan en bolsa, ha ocurrido esta semana. Un consejero delegado que usted conoce bien, no en vano ingresó con su voto en la Real Academia de la Lengua, ha percibido el año pasado un total de 8,4 millones de euros a la vez que la empresa perdió 395 millones, se han destruido centenares de puestos de trabajo, y la deuda se eleva a más de 3.000 millones. De esos emolumentos, 1,2 millones se definen como "compensación extraordinaria por la refinanciación de la compañía". Y otros 5 millones son una prima por "el éxito de la recapitalización de la sociedad". Don Emilio, si usted me permite expresarlo en lenguaje coloquial, es como pagarle a Cristiano Ronaldo una prima de ganar la Champions... pero por causar el descenso del Real Madrid a Segunda División.

Ésta es la España que ha pasado de ser un país de éxito y concordia a ser un país en el que la avaricia ha roto el saco y cada uno va a lo suyo aunque eso condene a muchos al paro. Por eso, don Emilio, hay que releer palabras tan atinadas como las que usted dijo en noviembre del año pasado: "España es un país mucho más decente y luminoso por la sabiduría de la gente. Esta sabiduría tiene que ponerse en práctica. No podemos dejar el país en manos de una política con una parte regida por oportunistas y por indecentes. Que el imperio de la indecencia domine en la política es intolerable; ese imperio es fruto del dominio de ciertas oligarquías que piensan que lo único que hay que hacer es ganar dinero y crear ideologías aptas para que esa oligarquía siga con poder...".

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