Editorial

La Casa Real y la Justicia

EL ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha expresado la posición del Gobierno ante la imputación de la infanta Cristina de Borbón en el caso Nóos: el asunto es causa de "grave preocupación" en el Ejecutivo porque daña a la Monarquía y perjudica la marca España en la escena internacional. En lo que respecta a la propia Casa Real, la reacción ha sido de sorpresa por que el mismo juez que descartó hace un año la existencia de indicios delictivos en la actuación de la hija menor de los Reyes dicte ahora el auto de imputación por los mismos hechos, a la vez que ha expresado su confianza en que la Audiencia Provincial decida la no imputación cuando haya de resolver el recurso que presentará en las próximas horas la Fiscalía Anticorrupción. Se da por hecho que la comparecencia de la Infanta ante el juez Castro, fijada para el día 27, quedará suspendida precisamente a la espera del dictamen de la Audiencia. Al contrario de lo ocurrido con el encausamiento de Iñaki Urdangarín, la Familia Real parece dispuesta a arropar a Cristina de Borbón en el amargo trance que atraviesa, proporcionándole una defensa jurídica independiente de la de su marido y sin alterar su estatus institucional, ya rebajado hace más de un año cuando dejó de tener una agenda oficial como miembro destacado de la Familia Real. Más significativa ha sido la actitud del heredero de la Corona. A las pocas horas de conocerse la imputación de su hermana, el príncipe Felipe ha presidido la entrega de despachos a la nueva promoción de jueces y durante este acto ha querido resaltar de modo especial la importancia del trabajo de los mismos y la confianza y seguridad que inspiran, a la vez que les ha demandado que realicen su labor con fortaleza y prudencia. Es importante que el actual Rey y su heredero, aparte de respaldar a su familiar en dificultades, no dejen de defender la premisa, ya defendida por don Juan Carlos en los inicios del caso Nóos, de que en la España democrática la ley es igual para todos y que la Justicia ha de seguir su curso normal independientemente de quienes sean los sujetos de su acción. Es un buen mensaje, el más acertado posible en estos tiempos de deterioro de la institución monárquica que tanto bien ha aportado a la sociedad española desde el último cuarto del siglo pasado hasta hoy. Su futuro depende, en gran medida, de que quienes la encarnan sucesivamente sigan siendo factores de estabilidad y concordia y exterioricen conductas de ejemplaridad intachable. Eso implica sacrificios de todo tipo, y uno de ellos es el de afrontar la acción de la Justicia con la serenidad y ecuanimidad necesarias, también cuando afecta a algún miembro de la Familia Real.

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