Editorial

Caso Iván y Sara (2ª parte)

LA opinión pública sevillana está rememorando lo acaecido en el caso de Carmen Fernández -la madre de los niños Iván y Sara, que murió sin recuperar a sus hijos ni cobrar la indemnización a que se hizo acreedora por habérseles arrebatado injustamente, pese a ganar todos sus pleitos durante un decenio- con la madre saharaui Ghedjemoula Mohamed, que lleva dos años tratando de recuperar a la hija que dejó en casa de un matrimonio de Villaverde del Río mientras tramitaba el papeleo para regularizar su situación en España. Pese a que se acordó que la menor regresaría con su familia en cuanto ésta o la delegación saharui la reclamaran, lo cierto es que al cabo de dos años la niña sigue sin salir de este municipio sevillano y sin ser entregada a su progenitora. Para ello se invocan argumentos como el de que aún no está recuperada de la cardiopatía que sufría y de la que debió ser intervenida quirúrgicamente (la operación se le practicó hace ya casi cinco años); que se la quieren llevar al desierto del Sahara (supondría la vuelta a sus orígenes, pero en realidad su madre se trasladaría con ella a Zaragoza, donde quiere establecerse); que antes debe terminar el curso escolar, etcétera... Con esta estrategia dilatoria prolongada a lo largo de dos años se están creando las condiciones objetivas para demorar cada vez más la entrega de la niña con el argumento de que la menor ha desarrollado ya tales lazos afectivos con el matrimonio de acogida que separarla de su compañía le causaría un perjuicio mayor que el beneficio que obtendría retornando con una madre biológica de la que pronto tendrá un difuso recuerdo cuando no el olvido. La situación se alimenta a sí misma, porque el reloj corre siempre en contra de la madre saharaui y en beneficio de quienes retrasan la devolución de la niña con justificaciones que ya secunda hasta la propia Fiscalía. Con este precedente, ¿qué familia saharahui volverá a enviar a sus hijos a pasar una temporada en España? Así vamos camino de crear otro caso Iván y Sara: la Justicia también es capaz de tropezar dos veces con la misma piedra.

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