La otra tele

Hyde

Casquería, y no fina

LE gustan 300, Kill Bill, las películas gore en general? ¿Lo primero que hace cuando entra en una carnicería es ir a la sección de casquería y vísceras? ¿Es usted de esos que siempre se quedan obnubilados con escotes, culos, tetas o bíceps, con la carne al peso en general? Si las respuestas a las tres preguntas anteriores son afirmativas, su serie, no cabe duda, es Espartaco: sangre y arena. La cadena Starz empezó a emitir en enero esta brutal versión del algo trilladito mundo de los gladiadores, desde luego nada que ver con la joya de Kubrick. Aquí no hay moral, política, ni siquiera guión. Sólo sangre salpicando al espectador a raudales, sexo explícito en buenas dosis y por capítulos, escenas salvajes como nunca habíamos visto en televisión y pocas veces en el cine. A los que llegamos a casa algo saturados del trabajo, los 40 minutos largos de cada capítulo pueden suponer un desahogo para evitar montar la pajarraca en la oficina, es cierto, pero no ensalzaremos desde aquí la calidad de esta nueva serie. Es un subproducto para pasar el rato si uno no padece de ardores de estómago o hemofobia. Con decir que uno de sus productores es Sam Raimi, culpable de las tres primeras Spiderman -a mi juicio sólo vale la segunda- aunque con la divertida 'El ejército de las tinieblas' a sus espaldas, basta para hacerse una idea. Apenas hay algunas caras conocidas en Espartaco. La neozelandesa Lucy Lawless, anteriormente Xena, la guerrera, y después uno los cylons fundadores de Battlestar Galactica, tiene aquí un papel bien diferente. De una amazona y fría máquina se convierte en la ardiente, sensual y ligera de ropa y cascos esposa del amo de los gladiadores. Éste lo interpreta el veterano actor escocés John Hannah, un rostro familiar como secundario. Peter Mensah, a quien vimos por cierto en 300 y también en Avatar, siempre en papeles inquietantes, es el maestro de gladiadores. Y Espartaco lo encarna Andy Whitfield, un rostro bonito, duro y bastante desconocido. El creador de la serie es Steven S. Deknight, responsable entre otros proyectos de Buffy, su spin-off Angel y de Smallville. Ha pasado tanto tiempo entre vampiros que ahora está sediento de sangre.

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