Tribuna Económica

gumersindo Ruiz

Causalidad, casualidad

HACE años, en un tribunal que juzgaba una tesis doctoral, y cuando el doctorando exponía sus conclusiones , el profesor Fabián Estapé, que se sentaba a mi lado, me pasó una hoja que aún conservo donde había escrito: "causalidad, casualidad", con un signo de interrogación. Al sentido del humor de Fabián Estapé se aliaba una mente inquieta que respondía con rapidez a los argumentos de los otros. Y en esta circunstancia se refería al meollo de todo estudio económico, que está precisamente en encontrar relaciones que vayan de las teorías a las realidades, de los instrumentos a los objetivos, de las medidas y reformas, a los resultados que se pretenden conseguir.

Las previsiones del Banco de España sobre nuestra economía dan datos muy negativos, pero que responden a lo que cualquier lógica de causa y efecto nos dice: las exportaciones al alza y las menores importaciones no compensan la contracción del consumo y la inversión pública y privada, con lo que este año el producto caerá un 1,6% y aumentará el paro. Si hay más desempleo habrá menos ingresos y más gastos públicos, lo que obligará a aumentar impuestos y recortar gasto e inversión; a pesar de eso no se consigue bajar el déficit del 7%. Integrado en estas relaciones de causalidad está el sector inmobiliario que contribuye como ninguno al auge y caída de la economía; ahora, con la incertidumbre sobre el empleo no se compran viviendas y aumenta la morosidad en las hipotecas, el sector no se recupera, las entidades financieras tienen que contabilizar pérdidas cuantiosas, y restringen la liquidez y el crédito. Las empresas no saben qué hacer, las que pueden van a los mercados exteriores, otras se hacen más pequeñas; intentan sobrevivir en un mundo donde no hay azar ni casualidades, pues la lógica de las causas y sus efectos se impone en una economía en recesión.

Hace unos días, el vicepresidente del Gobierno andaluz, Diego Valderas, en una interesante conferencia, intentaba establecer un modelo de acción para Andalucía, en unas circunstancias donde los medios son muy limitados, y donde cuestiones como la organización del Estado y la financiación de las autonomías y entes locales, chocan con el problema básico del sector público de generar ingresos y de endeudarse.

Sin embargo, algo hay que hacer distinto a lo que se está haciendo. Valderas defendía acciones que articularan la convivencia social a través de la solidaridad y la cooperación, y aquí pactos como el que se ha logrado sobre el sector turístico, o el que se quiere hacer para el empleo, cumplen un papel. Habría que añadir una nueva dimensión a la política económica actual que estableciera a nivel de Estado, y éste con la Unión Europea, un plan con recursos donde la educación y formación, la investigación biomédica, agraria, energética, las infraestructuras de comunicación y logística, junto con otras variables básicas como la financiación directa a la empresa, fueran las realidades actuales que nos permitieran confiar en un futuro mejor. Hacen falta cosas tangibles que sepamos van a producir los efectos que deseamos sobre el empleo y el bienestar; porque seguro que no vamos a salvarnos por casualidad.

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