Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Chapadas

SON cuatro grandes actrices para una serie floja. Muy floja. En España no se hace telecomedia pura, de impactos incesantes: no se fabrican sitcoms americanas de 22 minutos. Y eso nota, incluso en la fábrica de José Luis Moreno. Esta revisión de Las chicas de oro estrenada anoche en La 1 se limita a un vulgar chapado. Desde la cabecera, con estilo de los años 80, ya nos temíamos lo peor. Y el cuarteto de grandes damas no se lo merece. Las chicas españolas, unas viejas que insisten en ir de modernas marchosas (qué concepto tan antiguo), naufragan entre las líneas. Da para mucho más. Lástima que la producción se limite a seguir la raya blanca de una serie norteamericana que pertenece a otra época, aunque en su momento fuera rompedora. Carmen Maura hace de demasiado ingenua. Doña Lola Herrera desbarra como pendoncete. La gran Concha Velasco aguanta como Doroti y Alicia Hermida tiene su aire a lo Petrillo, pero ese papel le iría al pelo a Mariví Bilbao. Sí, Moreno ya hacía Las chicas de oro españolas... en Aquí no hay quien viva. No hacía falta este esfuerzo para TVE, con un chalé lujoso de cartón piedra.

El primer capítulo es una doble entrega cosida a la media hora en la que la segunda parte, cuando entran nuevos personajes, luce mucho mejor que las lánguidas escenas iniciales (que no son de presentación, sino que van al grano de las neuras y arquetipos de las cuatro protagonistas), con la compra de una pistola imposible e impensable en España.

Con la aparición de Pedro Miguel Martínez (La casa de los líos) como ex marido del personaje de Concha Velasco, se animó esta primera entrega. Velasco-Doroti pronunció un monólogo paralelo a su vida real con el que los de DEC se estarán relamiendo. Pero como Moreno no le eche mano al Netol de la chispa, de la transgresión castiza, el dorado se le va a quedar mate.

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