Las dos orillas

josé Joaquín / león /

El Charco de la Pava

EN Sevilla había una cierta inclinación a los proyectos faraónicos. Después de la retirada del Faraón de Camas, al que tanto se echa en falta en la plaza de toros de la Real Maestranza, deberíamos tener más nostalgia faraónica. Otro Curro Romero no es posible, no saldrá por generación espontánea. Pero la crisis ha sido como un metisaca vergonzante para los proyectos faraónicos, que han pasado a estar mal vistos. Un ejemplo es la Torre Pelli, criticada a más no poder. Hoy, si se plantea algún proyecto faraónico, se dice que es mejor destinar ese dinero a los barrios. Si Monteseirín (antes) y Zoido (ahora) hubieran gastado la mitad del dinero de esos proyectos en las barriadas de vísperas, no se podrían aguantar, de preciosas que estarían.

En esta Feria se han cumplido 40 años desde el traslado del Prado de San Sebastián. Esto se hizo en tiempos del alcalde Juan Fernández, siendo concejal responsable José Jesús García Díaz, más conocido como Pepito Caramelos, persona de poco presumir y mucho hacer, como se sabe por su gestión municipal y en el Ateneo. La Cabalgata de los Reyes Magos y la Feria de Abril se siguen haciendo según el modelo de Pepito Caramelos. No hemos tenido grandes inventores municipales.

Pero vendedores de humo sí que han pasado por la Casa Grande. Dentro de los proyectos faraónicos de Sevilla, hay dos que ya ni se toman en serio: la ampliación de la carrera oficial de la Semana Santa y la ampliación de la Feria. Se trataría de aumentar no sé cuantos miles de sillas hasta no sé donde, y ni se sabe cuantos miles de casetas. Para esto último se encontró un lugar excepcional: el Charco de la Pava. Esta idea la pudo realizar Monteseirín, que así hubiera pasado a la historia como el alcalde que trasladó la Feria, en vez de quedar como el que metió la pata con las setas. El Charco de la Pava se le fue vivo.

Ya está muerto. A nadie se le ocurre el traslado, en estos tiempos de crisis. Gregorio Serrano dijo que "ni económica, ni moralmente" se puede gastar el Ayuntamiento ese dinero. No se puede hacer siquiera el proyecto (más modesto) de ampliar el real de Los Remedios en una manzana, para colocar allí unas 100 casetas nuevas.

No hay nada más dañino para la Feria, de por sí fiesta rumbosa, que la ruina. Así que son malos tiempos para los faraónicos, que capean como pueden. El descartado Charco de la Pava es ahora un icono de la tiesitud, otro imposible.

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