Ignacio Martínez

Chaves debe convocar a los alcaldes

Zapatero debe convocar una reunión de presidentes autonómicos para hablar de la crisis y cómo enfrentarla. Chaves debería hacer lo mismo con los alcaldes de las grandes ciudades andaluzas y los presidentes de diputaciones. Si un lego en la materia se pone a sumar todos los planes rescate, avales, compra de activos, programas de grandes o pequeñas obras públicas, ayudas a empresas, etcétera, etcétera, puestos en marcha en España contra la crisis, la cosa se pone en 320.000 millones de euros, una sexta parte del producto bruto nacional. Eso es la mitad de la deuda anterior acumulada históricamente por el conjunto de las administraciones públicas. Un amigo economista me dice que no se pueden mezclar churras con merinas, que no todo ese dinero lo está poniendo el Estado, porque hay capital privado, ni todo está encima de la mesa. Desembolsado o no, lo cierto es que estamos ante la operación financiera pública más importante de la historia de este país.

Ésta no es una cuestión particular española. Lo mismo está ocurriendo en la Unión Europea y en el conjunto del mundo. Y se pone en marcha con reuniones constantes de los jefes de estado o de gobierno de la Unión Europea, los siete grandes, el G-20, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Se trata de coordinar las políticas, las ayudas, intercambiar ideas, sugerir procedimientos. Este modelo de gestión mancomunada de la crisis brilla por su ausencia en España. El presidente Rodríguez Zapatero, ausente de la primera cumbre de los cuatro grandes europeos en París, consiguió convencer a Sarkozy para que convocara a los primeros ministros de los países del euro. Y sólo después de volver con ese triunfo en la mano y un plan de la UE preciso, inspirado por el británico Gordon Brown, convocó a Rajoy en la Moncloa. Hizo mal.

Y sigue equivocándose. Dentro de España debería aplicarse el mismo modelo europeo: todos los presidentes de comunidades autónomas tendrían que reunirse con el primer ministro para analizar la situación y evitar 17 planes contra la crisis, riesgo que ya ha apuntado el ministro de Industria, Miguel Sebastián. Hay subvenciones complementarias al desempleo en algunas regiones, que además son diferentes entre sí; en otras comunidades autónomas se estudian facilidades añadidas para el pago de hipotecas o se atienden las facturas de bienes de primera necesidad para familias sin ingresos; también hay quien encarga planes de salvación para su industria automovilística. En fin, en plena ola de pesimismo, afloran 17 maneras de combatir la depresión. Bueno sería, como se ha hecho en el ámbito europeo y mundial, ponerlo todo en común, aunque después las nueve regiones con fábrica de automóviles o las diez con flota pesquera tengan realidades específicas que atender.

Lo mismo ocurre en el universo andaluz. El alcalde de Málaga acusa al Gobierno de la Junta de centralismo y anuncia que será beligerante para reclamar la sede de la caja única. Incluso lanza la idea de una gran exposición internacional tecnológica, acogida con recelo por la Administración regional. Otros recelos, proyectos e ideas podrían examinarse en común en una conferencia de alcaldes de grandes ciudades. Personalmente creo que las diputaciones no tienen mucho sentido en la actual estructura institucional. Las autonomías han solapado su misión. Pero, mientras existan, sus presidentes deberían sumarse a esta conferencia. De hecho, el artículo 95 del nuevo Estatuto de autonomía establece que se debe crear un órgano mixto de representación de la Junta y los ayuntamientos para facilitar el diálogo y la colaboración institucional; que debería ser consultado sobre los planes que afecten de forma específica a las corporaciones locales. La crisis invita al presidente a adelantar esta iniciativa.

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