Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Chaves hasta en la sopa

No es ninguna novedad comparar el viaje en carretera con una película. Los contenidos de los camiones, desde los visibles (cerdos para el matadero) a los leídos (electrodomésticos procedentes de Rusia y Eslovaquia) son como anuncios publicitarios. La acción transcurre en los topónimos, desde el túnel del Rabo de Sartén al río Córcoles. El conductor, que convierte el volante en la cámara de su travelling, puede sentirse director de una película rodada en este caso en escenarios de siete provincias: Sevilla, Córdoba, Jaén, Ciudad Real, Albacete, Cuenca y Valencia.

En la ida desayunamos en La Carolina y comimos en Casa Lorenzo, apeadero gastronómico de Villarrobledo muy frecuentado por los camioneros. Requena está más poblada que Utiel, presume de tres iglesias espectaculares en su casco antiguo y de haber sido morada del Cid Campeador, pero Utiel tiene la cabecera de la denominación de origen de los vinos que comparte con Requena, la ITV y un piscinón municipal en el que todas las tardes emulaba a Michael Phelps. Nos enteramos de la medalla de Samuel Sánchez comiendo en El Caserío, el restaurante más próximo al castillo desde el que se ve Cuenca abrazada por los cauces de los ríos Huécar y Júcar.

La ermita de la Virgen del Remedio estaba cerrada porque el ermitaño había ido a tomar café. En la casa adyacente, con la bandera republicana ondeando sobre la serranía, un hombre regaba las plantas escuchando a Adamo.

La película de vuelta por estas siete provincias estaba llena de reclamos del Quijote. La primera novela elegida en una lista de las cien mejores configurada con las preferencias de cien escritores consultados por un dominical. Una lista llena de ausencias donde uno votaba a su padre y otro a su hermano. Faltan el 27 menos Alberti y el 98 entero.

El paisaje se suaviza en el regreso, el niño está dormido, la madre atenta, las hermanas se alternan en la vigilia. Puestos de melones entre Tomelloso y Valdepeñas. Vemos un cartel que es la auténtica gloria literaria. Melones Plinio. Alguien eligió para bautizar sus cucurbitáceas el nombre del detective de Tomelloso creado por Francisco García Pavón. Su nombre no figura en la lista. En la mía sí: en el café Gijón le hice la primera entrevista de mi vida cuando publicó su novela Ya no es ayer.

De regreso, comimos en Guarromán, paraíso de la cerámica y los pasteles. Ya estábamos en Andalucía. El local se llamaba Casa Chaves. Hasta en la sopa.

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