Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Chikichiki

SI hay una canción que merecería la pena que fuera a Eurovisión, a mantener nuestro listón de frustraciones, esa es La revolución sexual de La casa azul. Del medio millar de candidatas y de los dos centenares de aspirantes escuchables (ya hasta el más cateto hace relojes), el grupo de Guille Milkiway es el que ofrece la canción más diferente: un tema imprevisible, una chuchería optimista, que, por supuesto, no ganará el festival. Pero lo que vamos a disfrutar con estos androides... El mismísimo Guayominí ha presentado varios intérpretes mediofrikis que al final acabaron en la indiferencia y en el fondo de la tabla. Desde hace un lustro España no es que tenga complicado ganar Eurovisión, lo tiene sencillamente imposible entre las redes báltico-escandinavas y balcánicas. Mas La casa azul es la mejor víctima para que al menos nos quedemos satisfechos con nuestra representación. Y siempre queda la esperanza de caer en gracia, como los monstruos fineses de hace dos años.

Merecería que se alzaran como ganadores nacionales aunque sólo fuera para que se despendolara por el continente el vídeo de La revolución sexual, con esa conseguida estética de Espacio 1999. Los de Milkiway honran a aquella serie de rayos láser, tan añorada como envejecida (y acartonada).

Si el personaje de Roberto Chikilicuatre de Buenafuente se ha convertido en líder de las preferencias internautas es una muestra de la cantidad de cachondos que se ponen ante el teclado y es un espaldarazo a la guasa noctívaga. Ya era hora de que nos tomáramos a broma Eurovisión porque el contubernio internacional no da otra salida. El Chikichiki tendrá que estar en la gala del día 1. Javier Pons, jefe del canal y ex director de El Terrat, debería obligar a sus ex compis que lleguen con la chirigota hasta el final. Aunque lo dudamos. Ya son la canción de este invierno veraniego.

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