Cuchillo sin filo

Francisco Correal

El Cid torea en Pekín

EL pintor, poeta, editor y galerista Pablo del Barco se casó en la catedral de Burgos, justo sobre el sepulcro de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador en los libros de historia y las antologías de la mejor poesía. El contrayente le puso Rodrigo al segundo de sus hijos, puente nominal sobre el milenio que separaba esas dos vidas. El diestro Manuel Jesús Cid, El Cid en los carteles, paisano de los filósofos Ruperto de Salteras, su tío carnal, y Emilio Lledó, bautizó Rodrigo a su primogénito. Aquel caballero sigue ganando batallas después de muerto, como acreditaron sus cronistas. Y del mismo modo las gana quien mejor lo encarnó, su más ilustre escudero, el mejor de sus vasallos: Charlton Heston, piloto en la Segunda Guerra Mundial.

55 días en Pekín es la primera película que vi en mi vida. Mi tío Antonio era portero del cine donde lo proyectaban, muy cerca de la panadería de mi abuelo donde transcurrieron aquellos años de mi infancia. Pocas cosas han superado aquella fascinación iniciática. Ya es casualidad que Charlton Heston se muera el año que miles de atletas, periodistas, curiosos, mandatarios, aficionados, publicistas y guardaespaldas pasarán en torno a esos 55 días en Pekín con ocasión de los Juegos Olímpicos. Sed de mal la vi en el teatro Falla de Cádiz el año que fui jurado del festival de Alcances con Fernando Quiñones, Julio Diamante, Lita Mora y Jesús Fernández Palacios. La magia fronteriza de Tijuana. Volví a encontrar referencias de esa película leyendo Puerto Trópico, la novela de Barry Gifford cuya lectura interrumpí cuando me comunicaron por megafonía el nacimiento de mi hija Carmen. Jartum fue una de las dos películas que vi en el barco J.J. Sister cuando en 1988 reeditamos por el Atlántico el tercer viaje de Cristóbal Colón. Épica europea en el Cid; épica asiática en Pekín; épica africana en el Sudán, el país donde está haciendo agua el sueño olímpico de la capital china. Y épica americana, faltaría más, en Mayor Dundee, la película en la que dio la cara, el prestigio y el dinero para que el productor no despidiera al director, Sam Peckinpah. La vi con unos amigos en casa de Nani Carvajal el día que un árbitro español le robaba la cartera a los rusos en el partido que Brasil y la Unión Soviética disputaban en el Mundial de España.

El Cid fue internacional con el Burgos, igual que Juanito, que también se murió un día de abril. Fue Moisés en Los Diez Mandamientos y Ben-Hur. Su precursor en blanco y negro fue Ramón Novarro, el actor hispano que interpretó esta historia de romanos cuando la dirigió Fred Niblo. Una de las películas preferidas de Luis Cernuda. Los perdonavidas culturetas miraban para otro lado cuando oían hablar de Charlton Heston. Ellos se lo perdieron.

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