Alto y claro

José Antonio Carrizosa

Cien días después

LA desaparición del Marta del Castillo, de la que ahora se cumplen cien días, es el suceso que más ha inquietado a los sevillanos en muchos años. Lo es porque nos presenta la realidad en la que viven muchos de nuestros adolescentes, inmersos en mundos que casi siempre a los adultos nos son desconocidos. Lo es también porque nos habla del fracaso de nuestro modelo educativo, no sólo en la escuela, sino también y más grave en el ámbito del hogar. Y porque hemos podido contemplar en primera fila la angustia de una familia instalada en la normalidad que de pronto es golpeada por una tragedia que la supera y que rompe su vida para siempre. Pero con ser todo esto importante y duro en el caso de Marta se producen otras dos circunstancias que mueven a la desolación. El primero es la utilización miserable que algunos medios de comunicación, televisiones sobre todo, han hecho del caso, utilizando impunemente a menores y sin que hayan recibido una respuesta contundente por parte de los órganos encargados de hacerlo. Cuando ha actuado la Fiscalía ha sido para pedir indemnizaciones para los menores, que ya habían ganado dinero acudiendo a los programas. El segundo, y sin duda el más desconcertante, es el hecho de que los presuntos responsables del crimen hayan tenido, y tengan todavía, a las fuerzas de seguridad absolutamente ignorantes de dónde pueda encontrarse el cadáver de la joven. Carcaño y compañía han logrado tener durante más de dos meses a cientos de especialistas buscando, primero en el río y luego en el vertedero de Alcalá de Guadaíra, sin que, al parecer, los restos estuvieran ni en un sitio ni en el otro. Han manejado a la Policía como han querido. O al menos esa es la sensación que ha percibido la opinión pública. Cuando unos delincuentes, presuntos, son capaces de jugar así con quienes tienen a su cargo la seguridad de todos es que algo grave está fallando. Es una cuestión complicada en la que no toda la responsabilidad es de las fuerzas de seguridad y en la que el estricto respeto a las leyes está por encima de cualquier otra circunstancia. Pero esta situación tiene consecuencias intranquilizadoras que conviene tener muy en cuenta.

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