Cifuentes y el camino de la renovación del PP

LOS escándalos de corrupción que han saltado en el PP de Madrid y Valencia han puesto en evidencia la necesidad de renovación y regeneración de un partido que, además de ser el más votado por los españoles, es una pieza fundamental en nuestra democracia. Guste o no, el PP aglutina a gran parte de la derecha española, desde las posiciones más conservadoras hasta las más liberales, y por tanto defiende los intereses y la forma de ver el mundo de una importante porción de la ciudadanía. Un PP sano y fuerte es indispensable para el buen desarrollo y gobierno de España.

Después de unas semanas bochornosas que han complicado aún más la dificilísima situación de Mariano Rajoy, con la Guardia Civil registrando la sede nacional del PP y con la práctica totalidad de los concejales populares de Valencia imputados por corrupción, parece que se han empezado a dar los primeros pasos para regenerar la formación, aunque todavía son insuficientes. En primer lugar, la hasta ahora presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, no ha podido esta vez eludir su responsabilidad política en la penosa situación en la que se encuentra su formación y ha tenido que dimitir de su cargo orgánico y facilitar el ascenso de la presidenta de la comunidad autónoma, Cristina Cifuentes, símbolo de un nuevo PP que pide paso y que no tiene las rémoras de la vieja guardia. Cifuentes, que dirigirá la gestora creada en el PP de Madrid hasta la celebración del congreso del que debe salir la nueva presidencia, ha hablado claro y, por ahora, no tenemos ningún motivo para dudar de la sinceridad de sus palabras: "Si detecto algún delito me voy al Juzgado de Guardia a poner una denuncia". Ésta debe ser la actitud y no esperar a que sean la judicatura y la Policía las que persigan unos comportamientos delictivos que muchas veces son vox pópulien el interior de las propias formaciones. También ha sido muy clara cuando ha recomendado a Rita Barberá renunciar a su aforamiento, señalando así una de las actitudes más viciadas de nuestra clase política: la utilización del aforamiento para obstruir la acción de la Justicia más que como una garantía de su trabajo como representante público.

Cifuentes es un primer paso, pero Rajoy debe comprender que los cambios en el PP deben ser más profundos, no sólo por el bien de su partido, sino por el del país en general. De no ser así, la formación irá perdiendo fuerza en un panorama electoral cada vez más competitivo. Sus votantes son los primeros que lo exigen.

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