Crónica personal

Pilar Cernuda

Cita en la Casa Blanca

HORA y media de almuerzo y conversación en una salita situada al lado del Despacho Oval. Junto al Rey y Obama, una gran amiga de los Reyes, la secretaria de Estado Hillary Clinton; y un gran amigo de España, el general Jones, hoy secretario de Seguridad. Por el lado español, el ministro Moratinos y el secretario de la Casa de S.M. el Rey, Alberto Aza.

Había que arreglar muchos entuertos. A pesar de las buenas palabras, hasta ahora no se han visto excesivos gestos en el presidente americano a nuestro favor, aunque Zapatero pone mucha carne en el asador: no sólo ha enviado más tropas a Afganistán a solicitud de Estados Unidos, sino que ha aceptado cinco presos de Guantánamo, más que cualquiera de los países de nuestro entorno. Sin embargo, Obama no parece sentir especial interés por España, y ha dado un varapalo a Moncloa al declinar su asistencia a la cumbre Unión Europea-Estados Unidos que organizaba España. Tampoco sentó bien que hace dos meses aplazara la visita del Rey a Washington por razones de agenda. Quizá porque era consciente de que no había sido excesivamente cortés con España, Obama desplegó ante Don Juan Carlos toda su calidez, toda su simpatía, todo su encanto y todo su reconocimiento.

El Rey es el mejor embajador que tiene España, se ha repetido hasta la saciedad por quienes han tenido y tienen oportunidad de seguir de cerca su trabajo en el campo de la diplomacia, tanto el que hace oficial y abiertamente como las gestiones más discretas que le pide el Gobierno, que sólo los presidentes y ministros saben hasta qué punto son relevantes. Ha mantenido siempre unas excelentes relaciones personales y políticas con todos los presidentes de Estados Unidos, incluso en los momentos en los que Bush ninguneaba a Zapatero porque no le perdonaba determinados gestos que consideraba hostiles o faltos de respeto hacia su país. Bush, para demostrar que su antipatía se limitaba a Zapatero, no sólo recibió a los Reyes en la Casa Blanca, sino incluso en su residencia particular, en el rancho Crawford, que reservaba exclusivamente para sus amigos. A través del Rey se logró una interlocución fluida con Washington cuando Washington no quería saber nada de Zapatero.

En el encuentro de la Casa Blanca se analizaron infinidad de cuestiones de actualidad, Oriente Medio, Haití, Afganistán, Europa, Cuba… Pero lo importante era la reunión en sí, y el interés que puso Obama en que saliera bien. Tuvo frases de reconocimiento a la labor del Rey en los años complicados de la Transición y demostró que conocía muy bien los problemas de España, lo que indicaba que se había tomado la molestia de informarse. Es la mejor noticia que se puede dar sobre ese almuerzo entre el Rey y Obama. Porque para España, para cualquier país, es fundamental la relación con EE UU.

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