Las dos orillas

josé Joaquín / león

Civilización y barbarie

VIENDO las batallas callejeras de aficionados en la Eurocopa de fútbol, o viendo un crimen masivo como el cometido por un islamista de EEUU en un club gay de Orlando, se llega a la conclusión de que el progreso no es lo que se supone. El conflicto entre civilización y barbarie no ha terminado. El ser humano evoluciona más despacio de lo que parece. En 1845, el escritor argentino Domingo F. Sarmiento publicó su conocida obra Facundo, también titulada Civilización y barbarie en las pampas argentinas, algunas de cuyas conclusiones aún siguen pesando, cuando ha transcurrido más de un siglo y medio.

En este libro, Sarmiento repasaba la vida del militar y político gaucho Juan Facundo Quiroga. Pero lo que mayormente pasó a la posteridad es la distinción entre la civilización (que representaría Europa, Norteamérica, las ciudades, los unitarios, el general Paz y el presidente Rivadavia) y la barbarie (situada en América Latina, España, Asia, Oriente Medio, el campo, los federales, Facundo y Rosas). Es evidente que esas ideas calaron. Y así parece que los españoles, con sus conquistas, fueron los más bárbaros de la historia. Mientras que los países que desencadenaron dos guerras mundiales, con el nazismo alemán, el comunismo soviético y otras finezas, han tenido bula.

Entendemos que ahora la barbarie amenaza a la civilización, con monstruosidades al estilo del Estado Islámico, que organiza matanzas como la de París; o influye a un individuo americano de origen afgano para una matanza como la del club gay de Orlando, en la que se confirma el odio del terrorismo islámico a todos los que no piensan y actúan según sus preceptos. Al enemigo no lo combaten con ideas, sino eliminándolo físicamente, como intentan todas las ideologías totalitarias, antes o después.

Pero lo más llamativo de la disputa entre civilización y barbarie es lo que ha ocurrido en Francia, la castigada Francia, la que se preparó para evitar atentados en la Eurocopa. En las calles de Marsella se pelearon hinchas radicales de Inglaterra, Rusia y Francia. Después se pelearon forofos de Alemania y Ucrania en Lille. Como otra guerra, aunque con palos, botellas y bengalas. Estos episodios parecían superados tras las sanciones de la UEFA. Sin embargo, se ha comprobado que los bárbaros también pueden ser europeos, y no profesar otra religión que el fútbol. Nadie ha investigado si el Brexit guarda alguna relación con esto. Ni si influirá en la campaña electoral que sufrimos estos días sin necesidad.

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