La ventana

Luis Carlos Peris

Clarinazos que duelen en lo hondo

FLUIRÁN a clarinazo limpio las lágrimas de Pedro al aire de Sevilla, a sus altos cielos desde las cuatro caras del campanario mayor. Medianoche de lujo en la Giganta para la renovación anual de un rito que estuvo arrumbado durante muchos años y que reapareció por la generosidad de un jándalo que ejerce de sevillano ya mañana junto al Pas. Las lágrimas que llenaron de surcos el rostro de San Pedro se trasladan a Sevilla para que Sevilla se entere de por dónde va el agua de este día. Será en el inicio de la festividad del Apóstol cuando desde la cara sur de la Giralda broten unos clarinazos como saetas en lo más hondo. Desde 1986 en que se restableció una tradición arrumbada, cuando arranca la festividad de San Pedro se produce este acto. Entrañable, ciertamente intimista, los altos cielos de Sevilla heridos recordando una traición y avivando una tradición.

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