Visto y oído

Antonio / Sempere

Clásica

ARACELI González Campa se ha acogido a la prejubilación. Me lo cuenta con mucha pena una de las oyentes damnificadas, una amiga muy afectada con esta decisión voluntaria, que la deja huérfana después de veintitantos años de complicidad. "Poco a poco, me voy quedando sin referentes". Y es verdad que la cultura mediática insta a la inmediatez, ve en lo joven un valor en sí mismo y atribuye a los veteranos el valor de una antigualla. Los Gabilondos que con 65 años siguen en el tajo son una excepción.

Con la marcha de Araceli González Campa de los micrófonos de Clásicos populares el programa queda cojo. Y dando gracias. Porque cualquier año de éstos Fernando Argenta decide hacer lo propio y hasta aquí hemos llegado. Hay formatos que no admiten sustitutos. La fórmula se puede repetir. Y el esquema. Pero la esencia de Clásicos populares, el referente que han supuesto Araceli y Fernando para sus oyentes durante tres décadas, son irremplazables. Aunque me ha causado menos dolor que a mi amiga, a mí me ha sorprendido este abandono prematuro de un cometido que siempre me pareció terapéutico. Descubrí a Araceli en la adolescencia, y ya desde entonces adivinaba que escuchaba a una mujer afortunada. Años más tarde tuve la oportunidad de felicitarla personalmente, con motivo de las emisiones de Clásicos celebradas en la UIMP. En el vestíbulo del Palacio de la Magdalena se produjo ese milagro de la comunicación. Las palabras cordialidad, buen gusto, optimismo, humor, ética y estética, cobraron su sentido gracias a la complicidad que derrochaban Araceli y Fernando. Esa magia, junto a las notas que sonaban en la bóveda del salón, convirtieron la experiencia en inolvidable. Cuando se cuenta con ese privilegio, cuesta creer cómo se puede renunciar a él. Es trabajo, sí, todo es trabajo. Pero aun así

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