Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Más Cobra

ES raro que un anónimo en cinco minutos de aparición haga retemblar los despachos de las cadenas y vuelque las previsiones de todas estas semanas. Tiene un cuestionable mérito. Las broncas televisivas del nuevo siglo, esas que son capaces de llenar horas y horas de debates y estirar escaletas, suelen ser montajes preconcebidos o puros exhibicionismos de los participantes en un reality. No tienen la relativa espontaneidad de lo que perpetró el otro día John Cobra, a quien se le consintió su aparición en la cadena pública por ese blando sentimiento de la imparcialidad cuando se pronuncian las masas con sorna. Aunque los votos de internet pedían que este desdichado estuviera en la gala eurovisiva del lunes, el sentido común, incluso la responsabilidad básica, debió de haber rebuscado en la última justificación para evitar que apareciera en directo el valenciano Mario Vaquero, nombre verdadero del tal Cobra. Ya han aprendido en TVE que estos comicios, tan populares como envenenados, no sólo deben dirigir un ganador, para que no se repita lo de Chikilicuatre, sino que también deben amañar con diplomacia hasta el último finalista.

Aquellos chikichikis y Karmeles nos han traído los lodos de John Cobra, una versión para adultos de Belén Esteban, recién traído del callejón. Un diamante en brutísimo que puede convertirse en un fenómeno tan efímero como cruel. Una persona que necesitaría un prolongado tratamiento psiquiátrico y que en su blog se presenta como "profesor, tornero, agricultor, recolector de fruta, cocinero, camarero" y albañil. Pues tras las caricias de mascota de Igartiburu lo van a convertir en bronquista profesional. Y cuando la tele y los audímetros desintegren su esqueleto, arrojarán sus despojos a una infecta buitrera.

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