la esquina

José Aguilar

Coherencia en Chipiona

DICHO y hecho: la flamante alcaldesa de Chipiona, Isabel Fernández, ha tardado veinticuatro horas en convertirse en ex alcaldesa. El tiempo justo para que abriera el Registro del Ayuntamiento chipionero y poder depositar en él su escrito de renuncia al cargo para el que no le habían votado sus convecinos.

Esto se llama coherencia, un valor en desuso en la política, y así le va a la política. La lista de IU, encabezada por ella, obtuvo dos concejales en las elecciones del 22-M, por ocho del PP y siete del PSOE. Comoquiera que ella y su compañero de coalición no estaban dispuestos a pactar con el PSOE para darle la Alcaldía, todo hacía pensar que sería alcalde el cabeza de la candidatura más votada, la de los populares. Con mayoría relativa.

Hasta que llegó, el sábado, el Pleno constituyente del Ayuntamiento. Sin previo aviso y con la aviesa intención de cerrar el paso al PP, los concejales socialistas votaron a Isabel Fernández, aupándola por sorpresa a una Alcaldía que no creía merecer, y que de hecho no merecía (¿cómo va a ser alcaldesa la candidata de la lista menos votada?). "Sé perfectamente que no soy la alcaldesa que quieren los chipioneros", dijo Fernández, y regresó al modesto escaño de concejal que los ciudadanos le habían asignado.

No lo hizo más tarde, presionada por alguien para dejar el cargo. Al contrario: las presiones que recibió de los dirigentes de IU fueron para que se quedase y abriese una negociación con el PSOE para compartir responsabilidades en un gobierno conjunto. Ella anunció su retirada en el mismo Pleno en que la eligieron por sorpresa y como regalo envenenado. Y se mantuvo firme hasta que dos días después pudo registrar formalmente su renuncia. Al final el coordinador provincial de IU, Manuel Cárdenas -el alcalde reelecto de mi pueblo-, respaldó su posición, afirmando que ha sido responsable, racional y coherente.

No puedo estar más de acuerdo. Los pactos municipales entre partidos democráticos son legítimos. Si se hacen entre partidos ideológicamente próximos, mejor, aunque también son comprensibles, como escribí ayer, los negociados entre partidos alejados en ideología si se basan en un programa común en defensa de los intereses locales y para poner fin a alcaldías prepotentes o desgastadas. Pero cuando se hacen debe quedar claro que el alcalde tiene que salir del grupo de concejales mayoritario entre los pactantes. Si no es así es que hay chantaje, exceso de ambición y vulneración de la voluntad de los ciudadanos.

En Chipiona no hubo pacto, sino una jugarreta de los que perdieron el 22-M para hurtarle la Alcaldía a los que ganaron. A Isabel Fernández querían hacerla alcaldesa a traición, sin saberlo ella misma, y con traición a lo que los chipioneros dijeron en las urnas.

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