José Ignacio Rufino

Compradoras compulsivas, ¡anatema!

LOS días internacionales con causa tienen su razón de ser; la propia expresión lo dice. Por ejemplo, hoy es el Día de la Mujer. Oficialmente, cada 8 de marzo se conmemora "la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona" (la cita, lo confieso, es de Wikipedia). Antes se usaba la expresión Día de la Mujer Trabajadora, pero el concepto -la causa- ha ampliado su foco más allá de lo laboral y, de paso, no quedan fuera de la celebración aquellas mujeres que no puedan trabajar, ni aquellas que, directamente, no dan un palo al agua. A los días con causa les pasa un poco como a las medallas y reconocimientos varios, de tan dudosa intención en algunos casos. Sin ir más lejos, fíjense ustedes en la que se ha liado porque dos toreros, atacados por el Síndrome de la Castafiore, la oronda soprano engreída de Tintín, han decidido renunciar a una condecoración que le dieron hace años, y todo porque en éste se la han dado a alguien que no es de su agrado: les parece muy pijo y frívolo el compañero galardonado, y ellos se consideran la quintaesencia de la autenticidad. ¿Cabe una postura más fatua e inexplicable? Si se la hubieran concedido a un matarife de cochinos negros, con todos los respetos para tan productiva profesión, todavía...

Como vemos, este trasiego creciente de condecoraciones, tan decisivas para la erección de vanos modelos sociales, tiene sus riesgos: hay quien dice que el ex-rector de la Complutense Villapalos ha ido varias veces a recuperar la toga honoris causa de Mario Conde a la cárcel, sin éxito. El mayor cuatrero de la historia política española, Roldán, otorgó más condecoraciones que nadie durante su periodo de mandamás de la Guardia Civil, y él mismo cuenta con unas cuantas, no sabemos si tan falsas como sus títulos universitarios. Cannavaro, en suma, fue elegido Bota de Oro hace dos años: poco más se puede decir. En muchos casos, efemérides, acontecimientos señalados y reconocimientos no son sino una fuente de malos entendidos y, como decimos, un riesgo de pitorreo. Puede que en esto tenga que ver que, prácticamente desde mi primera comunión, no recuerdo haber recibido homenajes dignos de mención por ningún motivo social o laboral.

Esta semana se ha anunciado el estreno en España de la película Confesiones de una compradora compulsiva. También éste es un ejemplo de falta de oportunidad. El chick flick -"cine para chicas", según debe traducirse- es un género dirigido a mujeres, aunque su target no hace ascos a ciertos hombres que, como quien suscribe, disfrutan de Mujeres desesperadas (esperando que no sea nada grave). La producción de la citada película acerca del prototipo hembra más rápida del Oeste desenfundando la visa era ajena al repentino advenimiento de La Gran Crisis y, en esta semana previa al Día de la Mujer, ha recibido críticas que apestan a moralina. Véase, por ejemplo esta que dejaremos anónima: "Su esclavismo subyacente a la cultura del consumismo es moralmente repugnante". Algunos no toleran una película irónica sobre el consumismo en tiempos de crisis. Los inquisidores afloran en los malos tiempos. Protejámonos.

Hace falta consumir, te dicen, pero consumir sin necesidad, te vienen también a decir, es esencialmente pecaminoso. Las renuncias moralizantes de toreros olvidados o endiosados, los galardones de ida y vuelta y, en definitiva, la hoguera en la que arden las vanidades humanas deben darnos luz para no creer demasiado en los días oficiales... ni en los cómodos tópicos al uso. Pero, en fin, feliz día alas premiadas.

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