PASA LA VIDA

Juan Luis / Pavón

Comprar sin salir de casa

LO que más me sorprende del debate sobre si conviene o no construir un gran aparcamiento subterráneo en la Alameda, como medio para garantizar la afluencia de consumidores al tejido comercial del centro, es que se elude tener en cuenta la imparable influencia del comercio electrónico en los hábitos de la población. Cada vez se dedica más tiempo y dinero a comprar en webs que, obviamente, no tienen límite de apertura horaria, y cuya logística les permite enviarte a casa tu compra. Es la evolución inversa a la antigua dependencia de los parkings para, cada dos por tres, abastecerse de bienes de consumo.

La Sevilla de 2020 a 2030 es la ciudad en la que debe pensarse para dilucidar si se rentabiliza o no el coste del parking y el coste del bloqueo de la zona durante el tiempo que duren las obras. Para entonces, y probablemente también para 2015, estará madura y de extendido uso la tecnología que faculta comprarse ropa y zapatos a través de pruebas virtuales con los datos de nuestra fisonomía. En ello están las grandes superficies y marcas tipo Zara y El Corte Inglés. Saben que la competencia digital será decisiva para su futuro. Lo mismo sucederá con otros artículos y objetos estandarizados que aún sólo compramos cuando nos echamos a la calle. La tienda on line no sólo dará ancho cauce a la homogeneización, también permitirá la personalización por encargo del diseño final de muchos productos.

Hasta hace quince años, todo lo comprábamos fuera del domicilio. Hoy, las compras que no se efectúan en comercios de proximidad, las vivimos más como una parte del ocio. Porque aumenta, y seguirá creciendo, el porcentaje de adquisiciones y gastos a través de internet, ya sea llenar la despensa, contratar las vacaciones o encargar un ordenador portátil. Es más rápido y más barato. Descartado el centro como el lugar al que se va un sábado a llenar el maletero, en esas excursiones tipo Ikea o Carrefour, sólo adquiere primacía en la temporada de regalos navideños. Porque rebajas y descuentos ya los hay todo el año y por doquier.

Un parking en la Alameda no va a remediar la falta de paradas de Metro en el centro. Un parking en la Alameda no es el reclamo para entrar en una tienda del centro. Comprueben, en los días de trajín comercial, la cantidad de plazas libres que hay en el parking de José Laguillo, tan cercano al casco antiguo. Y un Ayuntamiento que ve cómo está creciendo el uso de las líneas de Tussam, debería ser el primero en defender su propia red de autobuses urbanos.

El comercio debe cambiar el chip e ir detrás del cliente. Vean un ejemplo: el Museo del Baile Flamenco ha llegado a un acuerdo con comercios sevillanos del sector del lujo, entre ellos la histórica relojería El Cronómetro, para que vendan sus artículos (como los famosos relojes suizos) en el interior del museo a grupos organizadores de alto poder adquisitivo. Así lo hicieron hace escasos días con motivo de la visita de chinos adinerados... que no llegaron al centro a través de un parking.

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