Cruz Alzada

Juan / Moya / Gómez

Comprometido y valiente

ME reconforta pensar que la columna que hoy dedico al Pregón de la Semana Santa de este año bien podría haberla dejado escrita hace una semana, hace un mes, hace un año, hace ya mucho tiempo. Concretamente podría haberla dejado escrita desde el mismo día en que conocí al pregonero en la secretaría de una hermandad. Desde ese mismo instante pude percibir que tenía delante a una persona polémica (por pensar alguna de las cosas que piensa y, lo que es más grave, por decirlas) pero afable en el trato, sincera y a la que nunca se le podrá cuestionar su compromiso y su coherencia.

Se podrá estar de acuerdo o no con lo que Fernando dice y piensa, pero lo que no se le puede negar es que es un católico comprometido y un acérrimo amante de nuestras tradiciones y cofradías, a las que defiende alla donde va con independencia del tertuliano que tenga enfrente. Esas cualidades, que a más de uno les podrían parecer pocas, confluyen en la personalidad del pregonero de éste año, que ya es mucho decir si lo ponemos en comparación con alguno de sus últimos antecesores.

Cierto es que los adjetivos con los que se abre esta columna, "comprometido y valiente", son los que con benevolencia y generosidad se aplican a aquellos pregones y pregoneros que un día pasaron sin pena ni gloria por el atril maestrante, pero no es éste el caso. Fernando fue de frente y por derecho, hizo implicarse y vibrar a un auditorio con la simple verdad de su palabra desnuda, dijo lo que muchos piensan y pocos se atreven a decir. Prueba de ellos fueron los prolongadísimos aplausos que recibieron los párrafos dedicados a la Virgen del Subterráneo, al Gran Poder o al Cristo de la Buena Muerte. Esos aplausos no son sólo respuesta ante una memorable prosa, sino una muestra de agrado, una expresión de querer manifestarle al orador que la inmensa mayoría del auditorio (quizás la totalidad excepto dos personas) suscribían íntegramente sus valientes palabras.

El domingo salí del teatro con la sensación de llevarme más de un pensamiento y reflexión guardados en el corazón. Para mí eso es mucho más importante que llevarme unos fugaces versos apuntados en la boca.

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