La ventana

Luis Carlos Peris

Confesiones de un médico aburrido

DESENCANTO en cantidades industriales por el estado en que se halla la sanidad en esta nuestra tierra. Aquella modernización que prometieron los del perpetuo mandarinato que rigió y rige nuestras vidas ha dado paso al hacinamiento en las presuntas urgencias, a la demora de las citas, a la cada vez más amplia lista de medicamentos proscritos y a la falta de camas por el simple hecho de haber sido clausuradas. La otra mañana, un médico amigo se me confesaba con amargura: "Espero el día de mi jubilación como una liberación porque así no se puede trabajar. Cada vez nos llaman con más frecuencia para darnos a conocer nuevos medicamentos que no podemos recetar y aconsejarnos que demos menos volantes para especialistas. Y todo bajo amenazas que luego cumplen penalizándonos. Ya te digo, deseando huir de todo esto". ¿Modernidad?

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