Tribuna Económica

gumersindo / Ruiz

Conocimiento para la productividad y el progreso

PESE a una primera impresión de que los protagonistas de la película Boyhood viven a salto de mata, sin orden en sus vidas, hay en el día a día de casi todos ellos, y sobre todo de los niños, una sistemática en sus tareas y en su orientación. Me gustó mucho una escena en que el joven, en clases de fotografía, se dejaba llevar por su impulso creativo, y el profesor -que además de enseñar, forma- le dice que tiene que aprender la rutina del revelado porque al final hay muchos mediocres que triunfan gracias a que han trabajado de forma sistemática.

El proyecto de reforma del Gobierno de los planes de enseñanza universitaria ha generado, como siempre, polémica. Se quieren acortar los actuales grados y completarlos con enseñanzas especializadas de máster. La crítica que se hace es que un máster es más caro que la enseñanza de grado; y, además, que en tres años resulta muy difícil enseñar adecuadamente una materia. Creo que, con ser importantes, éstas no son las cuestiones de fondo; es verdad, como decía nuestro compañero Tacho Rufino, que hay un intento de reducir la enseñanza pública, y ésta sería una forma, acortándola, pero la universidad pública tiene todavía recursos humanos para resultar imprescindible.

Habría que distinguir entre carreras, y dentro de ellas cuál es el conocimiento que necesitan las empresas y la Administración pública. El conocimiento existente, incluso lo más básico, es inabarcable; por otra parte, tenemos la posibilidad de practicar en realidades virtuales, y los exámenes deberían plantear situaciones reales, respirar, ser una prueba de verdad para el que la realiza. Por otra parte, hay oportunidades gratuitas de adquirir conocimiento, o cursos en las plataformas universitarias que tienen un precio simbólico; el uso de hojas de cálculo, paquetes estadísticos, manejo de bases de datos, práctica de idiomas, junto con la enseñanza reglada y ordenada, abre hoy unas posibilidades que muy pocos aprovechan.

Hace unos meses me referí al impresionante libro de Stiglitz y Greenwald, Creando una sociedad de aprendizaje, que lleva como subtítulo Un nuevo enfoque para el crecimiento, el desarrollo y el progreso social, donde se demuestra que una política pública para el conocimiento está en el centro del desarrollo tecnológico. Pero tiene que centrarse en sectores donde ese conocimiento impulse la productividad de las empresas; en Andalucía serían algunos servicios, agricultura y algunas industrias. Aprender a hacer las cosas mejor es el resultado que se espera de una política pública que vincule el conocimiento (la universidad) y la productividad de la economía para mejorar los estándares de vida. Esto es lo que se conoce como "aprender haciendo" y significa para la empresa ganar en productividad; y para la universidad y los estudiantes ganar conocimiento técnico y mejorar cualidades y capacidades personales. También en Boyhood hay al final un momento emocionante donde no se sabe si uno tiene que atrapar el momento, las oportunidades que pasan por delante, o es más sencillo de lo que parece, y hay que dejar que el momento, la riqueza actual del conocimiento, nos atrape.

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