La tribuna

francisco J. Ferraro

Consecuencias económicas de la incertidumbre

AFORTUNADAMENTE la recuperación económica que se inició a final de 2013 fue cobrando intensidad en los dos últimos años hasta alcanzar una tasa de crecimiento interanual del 3,5% del PIB en el último trimestre del año pasado, y continuar el crecimiento en el inicio de este año gracias a la inercia de la demanda interna y la continuidad de factores externos favorables, como el precio del petróleo, las facilidades financieras del BCE y los conflictos en torno al Mediterráneo que desplazan más turismo a España.

No obstante, empiezan a aparecer algunos efectos de la incertidumbre política en algunas variables económicas en el primer trimestre del año. El consumo se mantiene a un alto nivel, pero el Índice de Confianza de los Consumidores ha perdido en los dos primeros meses de 2016 más de un 11%, lo que adelanta la probable contención del consumo los próximos meses. La incertidumbre afecta más a corto plazo a las decisiones de inversión, especialmente de nuevos proyectos empresariales, aunque la evolución positiva de la demanda interna y las exportaciones siguen manteniendo inversiones en muchas empresas para aumentar o mejorar la capacidad de producción; no obstante, la inversión financiera directa y la formación bruta de capital se están ralentizando respecto al año anterior, y la concesión de nuevo crédito se ha frenado después de la evolución positiva de los dos últimos años.

En cuanto al mercado de trabajo, el paro registrado aumentó en febrero en 2.231 personas, frente a su disminución en el mismo mes de 2014 y 2015, aunque los datos de afiliación a la Seguridad Social en el mismo mes fueron positivos, pero menos que el año anterior, por lo que parece que se desacelera la creación de empleo. Por tanto, los indicadores adelantados apuntan a una ligera desaceleración del crecimiento de la economía española.

Para valorar el posible impacto de la incertidumbre política en la evolución de la economía de forma agregada se han realizado algunas estimaciones, como la de Fernández Villaverde y López Salido que sitúan entre un 0,4 y un 0,7% la pérdida del PIB este año, un posible aumento de la prima de riesgo de 70 puntos básicos y una merma en el empleo de 126.000 personas, o la del BBVA Research, según la cual la tasa de crecimiento del PIB se podría reducir entre el 0,2 y el 0,5% en 2016 y hasta el 1,1% en 2017. Y el pasado viernes el Banco de España reducía su previsión de crecimiento del PIB en una décima (2,7%), justificándola en "las dudas acerca del curso futuro de las políticas económicas… especialmente si la actual situación de incertidumbre política se prolongase en el tiempo".

Pero los principales problemas derivados del impasse político son difícilmente mensurables, por lo que es muy posible que los efectos económicos de la incertidumbre sean más intensos en el futuro que las estimaciones referidas. Por una parte, en el ámbito internacional la existencia de un Gobierno en funciones durante un dilatado periodo de tiempo afecta a la confianza en nuestro país, a lo que se suma la falta de una política activa de promoción de los intereses españoles en el exterior y el perfil bajo del Gobierno en las reuniones internacionales. En el ámbito interno la falta de un Ejecutivo activo se concreta en muy diversas manifestaciones con consecuencias impredecibles. Una de ellas es la inacción gubernamental ante la dinámica de desconexión del Gobierno catalán y ante el resurgimiento de la reclamación de autodeterminación en el País Vasco. Pero lo que tendría implicaciones más preocupantes hacia el futuro es que no se abordasen las reformas estructurales que todos los organismos internacionales vienen reclamando. Adicionalmente, en esta semana hemos conocido la notable desviación del déficit público en 10.400 millones de euros que el Gobierno venía negando, y que exigirá un ajuste de 23.600 millones de euros al futuro Gabinete, ajuste de semejante entidad al que hubo de realizarse en 2012, y que inevitablemente limitará el crecimiento. El problema es que un Gobierno en funciones difícilmente puede disciplinar a las comunidades autónomas, y más improbable aún es que aborde la reformas del sistema de pensiones para hacerlo sostenible.

Por tanto, los previsibles efectos negativos de este periodo de impasse son relevantes, y si bien los cuantificables no son muy elevados, hay otros problemas cuya extensión en el tiempo pueden generar dinámicas irreversibles. Además, una cosa son las incertidumbres y otra, más grave, son los riesgos, y estos pueden ser mucho mayores si acceden al Gobierno fuerzas políticas que pretendan un programa de expansión del gasto público, que no cumplan los acuerdos de estabilidad, que anule la reforma laboral, que cuestione la estructura del Estado y que no tenga soporte político para implementar la regeneración institucional y las reformas estructurales sobre cuya necesidad existe un elevado consenso en el país.

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