Por derecho

Martín / Serrano

Conservar el patrimonio

EL robo sufrido por la Hermandad de las Siete Palabras en su almacén vuelve a poner sobre la mesa el asunto de la conservación y custodia de sus bienes por las cofradías. En el pasado fueron el hurto de un Niño Jesús del Calvario o la agresión al Gran Poder y ahora el suceso que da pie a estas reflexiones. El patrimonio material de las hermandades es de un valor incalculable. Refería Juan Parejo en estas páginas la zozobra del hermano mayor de la corporación de San Vicente ante las dificultades encontradas por las aseguradoras para tasar el valor de un paso. Claro que, al final, todo es cuestión de dinero. Y ese puede ser el problema.

Imágenes, pasos, cuadros, retablos, alhajas, bordados y todo tipo de enseres, como también documentos de máxima relevancia historiográfica, han llegado hasta nosotros gracias al trabajo abnegado de unos pocos, que en ocasiones fue heroico. Baste navegar por nuestra historia, desde los años de La Pepa, tan de moda, hasta los habitualmente denominados sucesos del 36. Ese esfuerzo de conservación, digno del mayor agradecimiento y de los más elevados elogios, es hoy insuficiente. Esta sociedad, que batalla por conservar el nivel de progreso alcanzado en las últimas décadas, pide mayor profesionalización. Del mismo modo que serían ahora intolerables ciertas intervenciones voluntariosas de otras épocas sobre las imágenes, el deber de conservar el patrimonio exige medios adecuados que muchas veces no están al alcance de su titular. Conviene entonces recordar el empeño de la diócesis por otorgar carácter público a nuestras corporaciones y, con ello, someterlas al régimen del Libro V del Código, sobre los bienes temporales de la Iglesia. En él se encomienda al ordinario vigilar diligentemente la administración de los bienes de las personas jurídicas públicas. Tal vez en este punto se podría encontrar la fuerza para conseguir colectivamente lo que tan difícil resulta a los titulares de los bienes por separado. O tal vez, en el Consejo, cuyo verdadero potencial permanece en buena medida inexplotado.

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