PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Consta que fue Contsa

LAS crisis tienen estas cosas, ponen a cada uno en su sitio. Sobre todo cuando los negocios se sustentan en un imposible: el eterno aumento a precios especulativos del objeto de la compraventa. El agujero de la inmobiliaria sevillana Contsa responde al esquema de la empresa de éxito y de un empresario como José Salas, que sube como la espuma aupado en la ola de la coyuntura. Más de mil sevillanos han creído también que esa ola de espiral de precios en el sector del suelo y el ladrillo, de excepcional duración y altura en España, era un factor estructural e inamovible, y han jugado a invertir en Contsa porque les daba más intereses que Emilio Botín. Por desgracia para ellos, a comienzos de 2008 ya son otras las olas y se han dado cuenta de que el planeta Tierra sigue girando y la vida no se extingue si se frena en seco la venta de suelos y viviendas a precios e hipotecas desorbitados, condición sine qua non para mantener el reclamo y la trastienda.

Aunque sea capaz de devolverle su dinero a prestamistas e inversores, y no lo tiene fácil con un pasivo descomunal para vender a buen precio sus activos inmobiliarios en un mercado saturado de activos como los suyos que tampoco se traspasan de buenas a primeras, lo que ya no podrá volver a conseguir José Salas es la notoriedad social que con tanto afán ha buscado para retroalimentar la cotización de sus planes. En el Ateneo ya no aceptarían su cheque para ser rey Gaspar. En la Lanzada ya no querrán airear que fue su hermano mayor. En el arte ya no aceptarán los Valdivieso, Lacomba, Borrás, etc., ser jurados de un premio que lleva el nombre de su empresa Contsa. Y en la Feria evitarán ir a su caseta tantos que se dejaron adular al calor de sus invitaciones, a ver si pescaban algo igual que él lo intentaba en el río revuelto de la vanidad.

El via crucis de 2008 no es el del Buen Fin y su maravilloso centro de estimulación precoz, sino el de la lanzada de José Salas a quienes esperaban el maná con puntualidad prusiana.

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