PASA LA VIDA

Juan Luis / Pavón

La Constitución vive en Guillena

PESE a la resurrección del Valle de los Caídos, con reflexiones y soflamas para todos los gustos, me decanto mejor por la concordia en el municipio de Guillena para exhumar, identificar y enterrar dignamente a 17 mujeres republicanas, fusiladas y arrojadas a una fosa por las tropas de Queipo para que desapareciera su rastro tras la atroz ocupación en cada pueblo. Todos los partidos, incluido el PP, porque ser de derechas no significa ser franquista, han respaldado que a las Rosas de Guillena se les conceda el título de Hija Predilecta.

De todas hay descendientes. El punto de vista en el vecindario, con la mentalidad de nuestra época, es el de que los familiares tienen derecho a enterrar o incinerar esos restos mortales, y a vivir esa dolorosa pero necesaria vinculación afectiva. Es lo que todos desean, mal que les pese, para la familia de Marta del Castillo.

75 años sin poder ceremoniar la muerte de una madre, abuela o bisabuela. Demasiados años. Estaba más que justificado que en la Transición se pusiera fin a la dinámica cainita de dos siglos fratricidas y se pensara más en ingresar a los vivos en la Comunidad Europea que en los muertos de las fosas. Una vez consolidada la España democrática, derrotada la amenaza golpista, y cohesionada la sociedad al fin compartiendo los valores de la convivencia en paz y respeto, debió acelerarse desde el Gobierno central el proceso de encontrar las fosas y dar opción a todas las familias de rescatar su particular historia. Una exigencia moral muy por encima de ideologías y acusaciones particulares. Es hija de la concordia. González y Aznar escurrieron el bulto. Por eso el consenso en Guillena me parece buen fruto del espíritu de la Constitución de 1978.

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