LA responsabilidad social de las empresas es tarea de éstas, de todos los integrantes de la organización empresarial. Pero los grupos de interés tienen también una función que cumplir para el logro de la empresa responsable. Entre los grupos de interés están, claro, los clientes. Los clientes son los destinatarios de la actividad empresarial. Sin clientes no tendría sentido toda la organización y las operaciones que una empresa implica. Pues bien, los clientes, los consumidores, cuando hablamos de clientes masivos, pueden forzar a que la empresa sea socialmente responsable. Tienen la herramienta de su veredicto: comprar o no comprar.

Por consumo responsable se entiende, en este marco, la opción por productos que en su elaboración y distribución hayan sido objeto de un comercio justo. Hay quien dice que la expresión comercio justo implica una tautología o redundancia, puesto que el comercio es una actividad entre iguales. Pero la realidad demuestra que si bien entre vendedor y comprador hay una cierta igualdad formal, lo cierto es que sabemos de casos en que la producción está apoyada en el trabajo infantil, en la economía sumergida o en la localización en países cuyos gobiernos no respetan los derechos humanos. El consumidor no siempre tiene información suficiente para discernir estos casos. Pero ya se han implantado sellos que certifican que los artículos que los llevan han sido elaborados atendiendo a criterios de responsabilidad social empresarial.

Por otra parte, hay organizaciones que específicamente ofrecen al consumidor productos cuya compra ayuda directamente al desarrollo de pueblos o colectivos cuyas condiciones son difíciles. Incluir alguno de estos productos en la cesta de regalos de Navidad no estaría de más.

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