Pisando área

Jesús Alba

Contratos o personas

ANTEPONIENDO lo crematístico a todo lo demás, podría en un momento dado aceptar el recurrente y no por ello huérfano de sensibilidad argumento de "les va en el sueldo". Pero en el último mes una serie de personas han visto en los papeles -saco de esta denuncia la frivolidad que campa a sus anchas en las redes sociales- no sólo todo tipo de opiniones, sino, con el sello de autenticidad, pensamientos inventados o ideas peregrinas de terceros como si fuesen propias.

Sin reparar en la persona, que en alguno de los casos ha ganado lo suficiente como para dar valor a otras cosas antes que al dinero, tendemos a explicar ésta o aquélla decisión por un simple fajo de billetes.

Me pregunto si muchos se han detenido a preguntarle a Monchi, a la persona, cómo está después de verlo trabajar de un día para otro con el mismo estusiasmo o más que antes, como si nada, después de casi llorar a moco tendido tratando de explicar por qué quería, por qué necesitaba salir del Sevilla. Me pregunto si es tan difícil entender que para un trabajador de los banquillos, o de cualquier actividad profesional, aceptar e ilusionarse con la oportunidad de dirigir a un transatlántico como el PSG después de tres años de éxitos en el Sevilla no puede ser considerado jamás una traición.

Me pregunto si es tan difícil entender que un trabajador que firmó un contrato hace cuatro meses quiera defender sus derechos como se supone que lo está haciendo Laurent Blanc cuando se ha encontrado un despido por un simple capricho de su jefe.

Y me pregunto si los que sacan brillo al pedestal de Sampaoli sin apenas conocerlo no pedirán su cabeza poniendo el grito en el cielo si el argentino no arranca de aquí a tres meses y da con el Sevilla en la cola de clasificación como lo tuvo Emery dos jornadas en el año de su último título. Son personas, con contratos, pero personas.

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