PÓRTICO

Alfredo / Flores

Controversias

CUANDO a los acontecimientos religiosos se les encuadra en un calendario festivo se produce de manera inevitable una escisión entre lo esencial y los tópicos.

Exigirán que lo que se ofrece responda a la promoción del espectáculo, y los cofrades nos sentiremos observados, nos condiciona el aplauso, la expectación, y el miedo a no cumplir con el "más difícil todavía".

Todo ello sucede, en un mundo intercomunicado, en el que el "drama" viaja, a veces descontextualizado, a través de imágenes o de palabras que, acaso, priman el sentimiento sobre el sentido, lo estético sobre lo ético y la anécdota sobre el fundamento.

Será noticia el sufrimiento bajo la trabajadera, el incremento de papeletas de sitio, estrenos, bordados y orfebrería; en doctores en escultura e imaginería y en terciopelo de Lyón, catedráticos de historia sagrada y poetas de los amaneceres y atardeceres irrepetibles en esta primavera que ya se anuncia.

Aún siendo la cuaresma sevillana rito y gozo de vísperas, cada año os confieso que la afronto con desasosiego: soy cofrade, he vivido y fortalecido mi fe a través de las hermandades. y precisamente por ello ni puedo ni quiero eludir la pregunta: ¿Cuánto valor le damos a la puesta en escena? ¿Tiene que ver con el mensaje de amor y conversión que encierra la vida, pasión y muerte de Cristo?

"Ante los terribles desafíos de la pobreza de gran parte de la humanidad -señala Benedicto XVI-, la indiferencia y el encerrarse en el propio egoísmo aparecen como un contraste intolerable frente a la mirada de Cristo. El ayuno y la limosna, que, junto con la oración, la Iglesia propone de modo especial en el período de cuaresma, son una ocasión propicia para conformarnos e identificarnos con esa mirada".

Trataremos de iniciar esta Cuaresma enriqueciendo el rito con la mirada de Cristo, una mirada que se detenga en el verdadero drama del hombre de hoy.

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