Desde mi córner

Luis Carlos Peris / Lcperis@grupojoly.com

La Copa se alía con el parón

Entre la tregua de los polvorones, los amistosos sin sentido y el torneo del K.O., el derbi se quedó sin vísperas

PIDE Iker Casillas la Décima para el Madrid, no chilla el Barça ante la lesión de Jorquera, con la polvareda que habría levantado si ese percance se produce en el amistoso de otra selección que no fuese la de Cataluña, se desdicen presidente y entrenador del Valencia, se solaza Juande con la fuerza goleadora de su Tottenham, se proclama el AEK de Serra campeón en el invierno heleno, se cimenta el papel de héroe que Fernando Torres ostenta en la cuna de los Beatles, ya tienen los africanos sus tarjetas de embarque listas para la Copa de África y aquí vuelve nuestro fútbol al tajo tras un lapsus de polvorones y bolos anodinos.

Vuelve el fútbol de verdad y lo hace por esa puerta menor en que han convertido la Copa del Rey. De un tiempo a esta parte, el segundo torneo oficial de nuestro fútbol parece de ínfima categoría según el tratamiento que recibe en el calendario anual. Funciona la Copa como con calzador, como un chino molesto en el zapato, con muy poco cariño desde las alturas. Hoy hay Copa, casi sin tiempo de haber avisado de su presencia, como del rayo, y eso que hay eliminatorias de cierto fuste y otras, léase la de esta noche en Heliópolis, como trampa saducea en la que puede quedar atrapado el presuntamente favorito Betis en beneficio de un Elche más temible de lo que parece.

Fútbol copero en las dos orillas de la ciudad, pero con distinta dimensión cada cita. Becerrada de pitones cortados en Nervión y complicaciones concatenadas las que pueden asomar por Heliópolis mientras la sombra del derbi avanza inexorablemente. Avance inexorable y también clandestino, como si nos quisiese coger por sorpresa, como si estuviese aguardando emboscado en los pliegues de esta Copa que hoy contribuye a la reanudación de lo cotidiano. Y es que está tan zarrapastrosamente montado el torneo del K.O., figura tan inoportunamente colocado en el calendario, que luego, cuando se vive la gran fiesta de la final, parece que llegó de milagro.

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