El último pase

Juan Antonio Solís

Copia en negativo de aquel 1995

Esa fuerza telúrica que cambió al Sevilla hace 15 años es la que Gordillo debe aglutinar de sus fieles

QUINCE años se cumplieron ayer de una de las últimas bombas informativas que se expandieron por el boca a boca. Entonces casi nadie tenía móvil, y ni mucho menos internet. Pero la noticia era de tal calado que no necesitaba de coberturas ni bandas anchas: habían mandado al Sevilla a Segunda B. A las pocas horas del flash, miles de personas hormigueaban por Nervión ajenas al calor sahariano. Se miraban en busca de explicaciones. De incrédulos pasaron a enfurecidos. De enfurecidos, a reivindicativos.

Y ese movimiento telúrico, que brotó de la misma tierra en buena parte de la ciudad (no faltaron béticos) arrugó al político más farruco. Lo que pasó es bien conocido. Si no, pongan "sevilla 1 agosto 1995" en el Google.

Los actores principales, con esa perspectiva ideal que da el tiempo, coinciden en que esa reacción social, tan espontánea y natural que hasta orilló la violencia, puso la semilla. Encarriló, pocos años después, ese tren de ilusiones que hoy es el Sevilla.

Ese año 1995 también fue especial para los béticos... y muchos no béticos. Ese día fue el último que uno de mis primeros ídolos, Rafael Gordillo, vistió la camiseta del equipo de su corazón. Guardo el póster (firmado y dedicado) de aquel partido ante el Madrid, con la estampa de Rafael de espaldas, luciendo su tres, que es suyo, con las medias caídas, la mano en la cadera y la cabeza hundida entre los hombros, mirando a la hierba, como tratando de repasar en un segundo sus miles de carreras por la banda. Entonces, el mandamás del Betis era mucho más popular que el del Sevilla. De hecho, muchos béticos le profesaban una fe que rozaba la herejía.

Lo que son las cosas. Hoy, quince años después del 1 de agosto, la tormenta sacude Heliópolis, Lopera cayó del altar y reza lo que sabe. Y el símbolo de símbolos, el que se fue en 1995, tiene en sus manos el destino del Betis. Si su mano izquierda es tan flexible como su tobillo y lo normaliza todo, esa fuerza telúrica que mana de la afición bética garantizará un mañana mejor. Está en ti, Rafael.

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