Visto y oído

Francisco / Andrés Gallardo

'Corassón'

Alos niños que veíamos toda la programación de TVE en los tiempos en que el televisor empezaba a colorearse nos llamó la atención aquella circunspecta locutora del Telediario que una noche de verano apareció con un marcado e indisimulable acento canario. En aquellos tiempos el televisor sólo desgranaba castellano de Valladoliz y el deje andaluz lo hacían los actores del quinteriano Teatro breve para hacer (poca) gracia. Cuando se asomaban los 80 Cristina García Ramos marcó un estilo diferente y, sin saberlo nadie, enarbolaba la bandera de la diversidad y la naturalidad. Decenio y medio después, la pareja de Diego Carcedo se puso al frente de Corazón, corazón, cuando el revisteo era inexistente en la pantalla, y a todos nos pareció que ella había quedado relegada al olvido de los fines de semana. Cristina se quedó encantada en su suite del Hotel Palace mientras relataba photocalls, fiestones, alumbramientos, bautizos y obituarios.

Un resumen de esa galería de espuma fue la que le pusieron ante sus ojos este fin de semana en sus dos últimos Corazones. Como en un ejercicio de maceración, a García Ramos se le saltaban las lágrimas en cada entradilla, con momentos realmente angustiosos. Su afán de contener la emoción le obligaban a suspiros y ojos vidriosos que llegaron a poner en puño al corassón, corassón de los espectadores. El programa en cuestión fue avanzando con saludos, dedicatorias, los gozosos nacimientos a lo largo de los quince años de programa y los tristes fallecimientos de este mismo tiempo de charol. Rocío Jurado cantaba el nombre del programa mientras Cristina se ahogaba en su turbación dando paso de forma fugaz al siguiente fragmento. Aquello terminó con dignidad, pero sin esconderse la tristeza del momento.

Lo peor de todo es que Cristina es una gota más de la desgraciada sangría de TVE.

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