la ciudad y los días

Carlos Colón

Corazón, pueblo y calle

NOS aguardarán todo el año las imágenes en sus iglesias? ¿Se levantarán altos altares, se alzarán pirámides de lenguas de fuego, se cantarán coplas antiguas, harán los niños la protestación de fe de la mano de sus padres? ¿21 de noviembre, 18 de diciembre, 6 de enero o primer viernes de marzo seguirán significando lo que han significado siempre? ¿Sonará el redoble de Hidalgo cuando nazca el Señor de las Penas a la luz azul, blanca y rosa del Domingo de Ramos? ¿Templará la mortal embestida del tiempo, como si fuera un capote bordado, el manto del Subterráneo en Doña María Coronel? ¿Nos aplastará la avalancha de ternura del Desprecio de Herodes cuando, a paso valiente de Villanueva, el misterio salga de Conde de Torrejón buscando la Europa? ¿Avanzará como una zarza ardiente el paso del Amor por las estrecheces de Francos y Álvarez Quintero?

¿Tendrá el Señor Cautivo barrio que lo quiera, nazarenos blanquinegros que lo escolten y mujeres que lo arropen? ¿Sonará Nuestro Padre Jesús cuando la Virgen de las Aguas gire tan delicadamente de Alemanes a Hernando Colón que parezca que no ha dejado de andar de frente? ¿Volarán bajo los vencejos por Castelar para beber en las fuentes de ternura de los ojos del Cristo de las Misericordias? ¿Brillará el oro, sangrará el clavel, llorará en lirio entremetido y danzarán los airosos candelabros cuando suba por San José el Cristo dormido y bueno de San Bernardo?

¿Tendrá el Jueves Santo luto de Fundación, gracia de Rosario, verdad de Exaltación, sacra elegancia de Valle, peso de dolor de Quinta Angustia, serenidad de Victoria y de Pasión, ronda de Centuria al son alegre de Abelardo? ¿Saldrá en la Resolana ese sol de medianoche que convierte en día la Madrugada y en noche, al ocultarse, el mediodía del Viernes Santo? ¿Verán los sevillanos caminar a Dios mismo por las calles de Sevilla cuando las recorra, las acaricie y las bendiga el Señor del Gran Poder? ¿Recrujirá entre lirios deshechos la caoba jadeante del Calvario?

¿Se trenzarán hojarascas sobre garras de dragón y se alzará todo el abatimiento del mundo sobre una montaña de oro dando vida al Viernes Santo tras la agonía de la fabulosa Madrugada? ¿Cruzarás, Manuel, el puente prometiendo abrazos que nunca habrás de dar porque no puedes, porque un madero y unos clavos dicen que nadie es libre de morir su muerte? ¿Moriremos un poco, otra vez, otro año, cuando se cierren tras la Soledad las puertas de San Lorenzo?

Pues si es así, ¿qué se me dan vetos, candidatos, ternas, títulos, artículos y otros leguleyeos? La devoción es cosa del corazón y la Semana Santa, del pueblo soberano.

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