La campana

José / Joaquín / León

El Corpus más largo del mundo

SI Sevilla quiere, puede solicitar un récord en el Libro Guinness: el Corpus más largo del mundo. Ayer se estableció una nueva plusmarca: 2 horas y 22 minutos (142 minutos en total) desde que aparecieron los carráncanos en la plaza del Salvador hasta que terminó de desfilar el último soldado. En los últimos años la procesión rozaba el par de horas, incluso no llegaba. Pero ayer vimos un cortejo que más bien se debería llamar larguejo, con dos cortes inclusive. Nadie puede decir, no obstante, que fue una mañana aburrida. En 142 minutos hay tiempo para muchas cosas. Y vaya si las hubo.

Para empezar, las sillas, que cuestan siete euros en toda la carrera, menos en la plaza de San Francisco, donde cuestan 10 euros. Al parecer, por esa módica cantidad no da para numerarlas, como sería lo normal. Hubo hasta conatos de bronca entre quienes buscaban sus sillas desconocidas que habían pagado la víspera. ¿No hay nadie cualificado que vigile esas cosas previamente? Aquí hay muchos organismos oficiales, que dan medidas de seguridad, que se reúnen y elaboran normas, pero luego a la hora de la verdad nadie conoce a nadie. Por ejemplo, ¿tampoco hay nadie cualificado que vigile el montaje de los altares? El día que se derrumbe uno ya veremos qué pasa.

Ese día pudo ser ayer. A poco más de una hora de comenzar a pasar la procesión por la plaza del Salvador, el altar de las Siete Palabras se tambaleó ostensiblemente. "¡Qué se cae, que se cae!" Otros se reían, pensando que es imposible que se caiga un altar de Corpus. ¿Que no?, ¡qué va! Al cuarto de hora de estar tambaleándose a su aire, aparecieron unos señores que lo apuntalaron a grosso modo, con una escalera. A la media hora de empezar a tambalearse llegaron unos agentes de la Policía Local, que levantaron a varias personas de sus sillas y precintaron un metro más allá de donde había sido previamente precintado. A la hora justa llegaron los bomberos (sin que hubiera aplausos). Un valeroso bombero se subió en otra escalera y lo dejó más o menos ajustado, si bien con mala pinta. El público respiró cuando terminó de pasar el último soldado (ahí sí que hubo aplausos, la gran ovación de la mañana).

La procesión fue tan bonita como siempre. Hubo buenos exornos florales (como novedad el de la Inmaculada, que no fue cónico, ahora que todo es cónico). En un paso, el de Santa Justa y Rufina, vimos un exorno surtido que incluía uvas de Chile, como nota exótica, cuando ya las venden en cualquier frutería; yo las he comprado en Supersol y son vistosas, pero con peor sabor que las de Jerez o el Aljarafe, que está más cerca.

La mañana de uvas y trigo en honor de la Eucaristía tenía a monseñor Asenjo como protagonista. Ya participó el año pasado, pero lo pusieron con los canónigos. Monteseirín iba repartiendo sonrisas en su última procesión de Corpus, aunque le quedan otras. Zoido, a su lado, también sonreía. ¿Por qué? De los carráncanos al paso de San Fernando transcurre 1 hora y 45 minutos (105 minutos). A partir de ahí empieza la parte oficial. Muy bien este año la representación de colegios profesionales y academias, más nutrida y vistosa, con muchas caras conocidas de personalidades de la ciudad. Eso siempre gusta. Y está muy bien que vayan Nani Carvajal y Pilar Suriñach para representar colegialmente a los periodistas, así se predica con el ejemplo. También menos frailes y más curas. ¿Por qué?

En las cofradías hubo de todo, dentro de un orden. En las Sacramentales hubo menos cera roja que otros años, quizá porque es más barato reutilizar cirios de Semana Santa, como la Sacramental de San Andrés (vulgo Santa Marta), que lleva cera azul de Lunes Santo (este año no salió por la lluvia y le resultaría redondo). Más cera blanca, en vez del típico rojo sacramental, se apreció en otras. Sí iba con cera roja la Sacramental del Salvador (vulgo Pasión) y con dos servidores frititos de calor junto a la presidencia. Eso es categoría y se nota. Como se nota en las varas de la Sacramental de la Magdalena (y en la de San Isidoro). O en la Sacramental del Sagrario, en todas sus facetas. Se nota donde hay.

También se nota que la mayoría de hermandades de gloria son mucho de vara y poco de cera. Apenas iban cirios entre ese mar de varas que abría la procesión. Y eso que ayer podían llevar cirios hasta las hermandades del Rocío. Estamos en una procesión, no en una peregrinación.

Pero estamos en tiempos de crisis y de recortes. Un poco se nota. Por ejemplo, la representación militar recortada fue sin la bandera de España. Serán las cosas de doña Carme. Iban como una osigé (organización sí gubernamental) que cierra el cortejo. Pues sí, hay recortes, aunque no en la grandeza de esta procesión del Corpus, ni siquiera en la duración.

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