EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Corrupción moral

QUIEREN un símbolo del delirio económico de estos últimos años? Ahí tienen al director deportivo de cierto equipo que acaba de sufrir una derrota afrentosa. Cualquier persona con sentido común no dejaría entrar en su casa a un personaje como ése, que lleva escrito en el rostro las palabras codicia, deslealtad y corrupción moral (y muchas más: si el Bosco pintara hoy en día, le bastaría hacer retratos de gente así). Sólo por su forma de mirar y de caminar -una mezcla de chulito marbellí y de sicario de película de serie B-, cualquiera se daría cuenta de que se halla ante un personaje maligno en todos los sentidos. Pero alguien -un iluso, un insensato- le confió la dirección deportiva de un equipo de fútbol que mueve miles de millones. Y como es natural, el equipo de fútbol hizo los peores fichajes posibles. Y como es natural, ese personaje se convirtió en un hombre mucho más rico de lo que nunca soñara.

¿Cómo es posible esta locura? Sólo se me ocurren dos posibilidades: o quien lo contrató era tonto, o bien era un personaje que se parecía mucho a él. Y lo que ha pasado con este personaje es lo que ha pasado en otras muchas empresas. Se entregaron los cargos de responsabilidad a individuos sin escrúpulos que empezaron a jugar con el dinero y a invertirlo de la peor manera posible, a la vez que iban engordando su patrimonio personal e iban esquilmando a las empresas (y a los trabajadores que dependían de esas empresas). Si pudiéramos hacer el cálculo de cuántas personas así han manejado bancos y financieras, grandes compañías y grandes corporaciones, nos saldría una bonita cantidad. Personajes chulos, malvados, despiadados, codiciosos e inmorales en todos los sentidos de la palabra. Personajes seducidos por el peor de los lujos y por el peor estilo de vida. Personajes pueriles que aspiraban a ser una mezcla de estrella de rock y futbolista admirado en todo el mundo.

Pero que nadie se engañe pensando que sólo son neo-cons codiciosos -como hace cierta izquierda ilusa-, porque estos personajes saben camuflarse muy bien entre las supersticiones colectivas de nuestra época, al menos en Europa. Es muy posible que aquí se proclamen de izquierdas, o incluso que finjan serlo, a pesar de que han tomado las decisiones que han arruinado a las empresas y han mandado al paro a millones de personas, mientras ellos prosperaban y se envanecían y caminaban con esa chulería con que caminan ante los periodistas, perdonándoles la vida y mirándolos por encima del hombro, ya que al fin y al cabo sólo son unos pobres pardillos a los que podrían aplastar con el dedo meñique.

Dicen que van a echar a ese personaje de su equipo. No es el único que debería irse. Hay otros muchos como él que continúan en su sitio.

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