Por montera

Mariló Montero

Coser y cantar

PASAR la Navidad, para quienes se la quisieran saltar en liana sin tocar el suelo desde el extremo del 23 al del 6, no es un asunto de coser y cantar. Son muchos a quienes la silla vacía que queda en la mesa de tantos hogares estos días de reuniones y tertulias se les convierte en un trono gigante desde donde preside el dolor. La correlación habitual de las palabras estrella que pronunciamos en estas fechas crea un rechazo para aquellos que sienten el envés del estremecimiento. El alivio deseado ante la imposible huida podría hallarse en la manera de coser esas palabras, primero descosiéndolas para volverlas a hilvanar.

La vida nos separa y nosotros nos unimos si tenemos la voluntad de volver a conocernos. La vida te rompe lo predeterminado a base de decepciones que lo desgajan todo, pero en nuestra madurez estriba el posicionarnos ante la vida sobre qué es, conociendo qué ha hecho ella de nosotros y de los nuestros. Si nos aceptamos con los cambios, el crecimiento personal nos unirá de nuevo y, al final, llegará la felicidad, la paz.

Todo sería cuestión de ir eligiendo con cuidado, como las lentejas para un buen plato, las palabras que identifican estos días y no otros del año: Navidad, amor, año, nuevo, prosperidad, felicidad, esperanza, paz, ilusión, familia, salud, serenidad, alegría, éxito, deseo, gloria, infinito, misterio, luz, estrella, bondad… Aderecemos eso con una bella música a base de instrumentos que, separados, no compondrían ni la balada de un callejero: campanillas, villancicos, acordeones, cascabeles, panderetas, voces, armónicas, bandurrias...

La luz invernal es la aguja capaz de convertir todo ello en un hermoso vestido que nos abrigue esta fría Navidad a base de puntadas: la que adorna el árbol, la de la fachada de un edificio, las que nos unen a los vecinos de la calle de enfrente, el ascua que duerme entre las brasas de una chimenea… Esa luz, tanto a quienes les guste la Navidad como a los que no, hipnotiza como la visión de un ángel que cruzase entre nosotros hasta sumergirnos en nuestro interior, donde se encuentra el regocijo de que en ese fondo, a esa profundidad, sí gusta la Navidad.

El hilo, la voluntad individual. Efectivamente, hay muchas formas de morir, pero hay que averiguar de qué manera vivir, lo cual resulta útil como un hilo que lo cosería todo. Si usted prospera en la esperanza de vivir con ilusión esta Navidad podría sentir la alegría de alcanzar el éxito y la gloria de ilusionarse junto a su familia, a quien ama y para la que desea infinita salud ante los misterios del año nuevo. Sería un acto que lo colmaría de bondad, cuya serenidad le premiará con la certeza de que somos la estrella y la luz que da paz y felicidad a los nuestros. Hágalo, aunque sea en silencio: es cuestión de coser y cantar.

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