Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Credibilidad

SI la Convergència i Unió de Duran Lleida concurriese hoy a las elecciones generales en todo el país, sus resultados serían envidiables. Duran lleva muchos años en escena, pero nunca como ahora se ha convertido en un referente de lo que se espera de un político. Le han bastado unos minutos de sensatez para poner en evidencia las debilidades del Gobierno y la inconsistencia errática de la oposición.

Los polos de la vida nacional se tensan entre malos dirigentes, como apuntó hace unos días el presidente Griñán, en un lapsus que no parece le traicionara, al decir que un mal Zapatero no hace bueno a Rajoy. Duran, nacionalista catalán, en la estela de Miquel Roca, ha sido percibido por la opinión con rasgos de responsabilidad y patriotismo que los dos grandes líderes han malgastado.

Tal vez el optimismo del presidente, como cree Barreda, haya postergando el etiquetado de una situación crítica y trastocado el momento de la acción. La crisis no fue reconocida hasta que nos mordió los talones y se vieron brotes verdes en plena sequía. La crisis fue asumida en plena emergencia. Enfrente, la ruina se anticipó a la crisis, con alborotos catastrofistas que marcaron el abismo. En una situación de emergencia, la visión de Estado apela al sentido común que conduce, como se ve en Europa, a la corresponsabilidad. Los españoles, preocupados por la debilidad de sus políticos, respiran con la confianza que transmite el dirigente de CiU. Confianza que ha perdido Zapatero y no ha ganado Rajoy, que asoma porque el presidente se cae.

A Zapatero la fortuna le ha dado ya muchos triunfos como para pedir ahora milagros. A su merma de credibilidad se une un gabinete sin personalidades sólidas, escasamente coral, que le deja muy solo. Y eso que le acompañan ministros cuya labor, en otro momento, hubiese alcanzado gran relevancia. Es fantástico el ejercicio de Pérez Rubalcaba. Muy bueno el de Trinidad Jiménez, en la línea de equilibrio y sensatez que transmite Gabilondo. Valores que contrastan con el agotamiento de figuras que fueron estrellas, como De la Vega, y otras ya invisibles que hacen de José Blanco mucho más que un buen delegado provincial de Obras Públicas.

Si Zapatero aguanta la legislatura, le queda tiempo para un último golpe de timón: formar un Gobierno que le preste credibilidad. Credibilidad y autoridad moral, como tiene Duran, para dirigirse a una oposición que hace de la exageración de los errores ajenos argumento de su bandera. Autoridad para rescatar el discurso de la razón frente a la estrategia del pedrusco y la ocultación de las lacras bajo cualquier señera higiénica…

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